Columnismo

Que no se diga

Agostado

04.08.2016 @jorgefrances 2 minutos

Agosto es el último trago de una copa de ginebra bien preparada paladeada en soledad. El final de un camino largo de sorbos refrescantes al calor de una noche tropical. Mis años nacen dos veces, porque soy hijo de este mes de sofocos y vacaciones. Nada se acaba pero todo se reinicia cambiando las uvas por velas y los fuegos artificiales por Perseidas.

Puede ser la razón por la que llegue a agosto siempre vacío. Agotado y agostado como la rosa que se encoge después de haber sido la más bella del jardín. Con esa sensación de adolescente el último día de clase, con la mente ansiosa por abotargarse durante semanas y el alma sedienta de nuevas emociones. Necesito aprender a respirar de nuevo, dejarme morir en el último baño de mar para renacer entre la espuma que acaricia la arena. Sin nada que decirte a los ojos ni frases que susurrarte al oído. Solo esperando escuchar en silencio el murmullo de alguna ola mientras hago y deshago las maletas. Todos necesitamos morir una vez al año.

En agosto me olvidé de opinar. Lo he descubierto cuando empecé a escribir esta columna. Emborroné las primeras líneas con el sainete irreverente de los políticos que han vuelto a alejarse de la realidad y bailan en los periódicos y las televisiones a los que nadie presta atención en verano. Entretienen sin resolver la incertidumbre, una debilidad “en funciones” que aprieta nuestras obligaciones económicas y que aprovecha la Generalitat de Cataluña para acelerar su desconexión con España. Taché una frase en la que gritaba como el terrorismo indiscriminado es la bandera de todos los desequilibrados. Las mentes frágiles de occidente son manipuladas para hacernos saltar en pedazos como un caballo de Troya construido dentro de nuestras propias murallas. Arranqué otra vez en la vergüenza de la policía dando pautas de seguridad para evitar accidentes a los millones de enganchados al Pokemon Go mientras las ciudades y los comercios se pelean por acoger “gimnasios” con los que rentabilizar esta una nueva locura colectiva solo comprensible en una sociedad “selfie” que empieza a confundir peligrosamente el “yo real” y el “yo virtual”. Busqué algunos datos para argumentar pero no pude hilar las palabras.

Quizá en agosto no tenga palabras. O sea la excusa perfecta para bajarme unos días de este mundo que ha superado otra profecía de Nostradamus pero que sigue amenazado por nuestro propio Apocalipsis cultural. Solo ahora es tolerable esta despreocupación casi irresponsable. Que los problemas se los lleve la brisa de un atardecer y nos caigan encima con la primera tormenta de septiembre. Otro gin-tonic, por favor. Solo en agosto, cuando llueven estrellas y los amores eternos duran dos semanas.

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