Columnismo

Que no se diga

Autopsia del fracaso

06.10.2017 @jorgefrances 3 minutos

Ya solo es héroe de la democracia pervertida y bananera que quieren instaurar en Cataluña. La Audiencia Nacional acaba de citarle a declarar como investigado por delito de sedición. Su famoso “Bueno, pues molt bé, pues adiós” puede ser el epitafio profesional del hijo de un taxista de Valladolid que tras una trayectoria intachable se emborrachó de independentismo, como tantos catalanes en los últimos años.

Josep Lluís Trapero, mayor de los Mossos D'Esquadra, emergió los días siguientes a los atentados de Barcelona y Cambrils como icono de la respuesta policial en defensa de la libertad. Entonces sí que fue héroe de todos y para todos. Sobrio, sereno, cabal y con voz grave de padre que consuela y protege. Pero aún faltaban semanas para el 1 de octubre y desde antiguo hubo héroes que acabaron visitando el infierno y santos que se cayeron de sus caballos.

Trapero, de hombros caídos y ojeras constantes, podría ser el ejemplo de la Cataluña secesionista. De esos millones de catalanes que se han dejado arrastrar por las mentiras, por el revisionismo histórico malintencionado y por el revanchismo para caminar bajo las esteladas hacia un lugar imprevisible y desconocido. Un fenómeno sociológico extemporáneo que, desde la distancia, sigue siendo difícil de entender (o al menos yo no logro comprender) es como media sociedad catalana se ha convertido al independentismo. Que esa Cataluña moderna, innovadora, vanguardista, símbolo de progreso y de diversidad, sea estos días hogar de la ilegalidad y la intolerancia. Parte de la Cataluña cosida por la emigración, parte de la Cataluña que cecea en vacaciones, grita contra la Constitución que nos permitió convertirnos en ejemplo para el mundo. Cuánta irresponsabilidad educativa, cuánta manipulación informativa, cuánto adoctrinamiento populista ha tenido que existir para hacer llorar de emoción a los mayores ante urnas compradas en China y llenas de votos caseros.

Ese es el fracaso de España como proyecto común. Ha fracasado la clase política de aquí y de allí que ha permitido un proceso de radicalización social transversal tan progresivo como previsible. Ha fracasado la sociedad catalana y del resto del país que ha elegido a gobernantes irresponsables y temerarios. Hemos sido derrotados todos (por eso compartimos una profunda tristeza) por no saber salvaguardar lo que nos une y dejarnos arrastrar a la ciénaga estéril de la incomprensión y los agravios. No es la primera vez que España se empieza a romper por Cataluña, ojalá tampoco se haya vivido la última vez que conseguimos volver a zurzirla a la Constitución. Ya decía Ortega y Gasset que "el problema catalán es un problema que no se puede resolver, solo se puede conllevar".

Cuando se produjo el nombramiento del mayor Trapero, muchos destacaron su firmeza por la “independencia política”. Qué pena, que al final solo se quedara en independencia. Dicen que escucha a Serrat, aunque solo cuando canta.

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