Columnismo

Que no se diga

Boinas

24.11.2017 @jorgefrances 2 minutos

Irse a Madrid con boina era un signo de distinción, de distinción provinciana y orgullosa de quien quería comerse la capital y solía terminar engullido por ella. La boina culminaba el uniforme del hombre recio, que paseaba la Gran Vía mirando hacia arriba y tenía esa sabiduría antigua, la que se guarda en las arrugas de las manos. Luego desde las provincias hemos seguido yendo a Madrid, siempre creímos que era conquistar España. Ya no llevamos la boina calzada aunque nos sigan viendo con ella todos esos madrileños que nacieron en cualquier otra parte.

Resulta curioso que ahora la boina la tenga Madrid y las grandes ciudades españolas. Boina gris de humo y contaminación, nube perenne en la era de los anticiclones. Es su nueva definición y puede que la única que conozcan los jóvenes de las próximas décadas. Una supuesta revisión de la RAE de 2040 planteará incluirla como primera acepción, cuando la segunda sea: “Extinta gorra sin visera, redonda y chata, que se hacía de lana y generalmente de una sola pieza”. Aunque quien sabe, porque en cosa de moda dicen que todo acaba volviendo.

De lejos también se ve a Barcelona con barretina. Aunque allí es una tendencia vintage vanguardista asfixiada por la polución nacionalista. La ciudad condal respira mal no solo por los malos humos. Zaragoza luce boina aragonesa esperando el cierzo. Valladolid se pasa las semanas poniendo y quitando vallas para acceder al casco histórico. Y luego siempre estuvo la boina francesa, seductora y hipster, la prima elegante de atractivo cosmopolita de estrella de cine. Esa nunca se dejó de llevar.

Las urbes lucen sus boinas de progreso y los pueblos no tienen a quien presumir de su aire limpio y de su nieve. Ahora sus calles están tan vacías de coches como las grandes avenidas. Porque pronto los atascos dejaran de ser síntoma de prosperidad y lo avanzado volverá a ser el silencio. Un silencio que se pueda inspirar sin miedo a expirar. Ya se lo decía, todo vuelve. La capital tiene boina, le pudo salir de tanto acoger provincianos que la arrastraron desde las montañas, los valles y los páramos. La venganza se sirve fría y con la cabeza bien cubierta.

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