Columnismo

Que no se diga

Buscando el Suárez

19.05.2016 @jorgefrances 2 minutos

Una pesada cortina beige y una profunda mirada serena. Volver al discurso de Adolfo Suárez en la campaña electoral de 1977 es dejarse conquistar de nuevo por su telegenia innata en aquella televisión tan rácana como sincera. Cuando Suárez mira a cámara te mira a ti. No molesta que cada poco baje la vista para seguir leyendo, no importan los casi 10 minutos con el mismo plano que solo se acerca a su rostro con un zoom suave y ensayado en la parte final. No distrae que se escuche el pasar de papeles que no vemos. Puede prometer y promete una España en Transición.

El seductor denostado durante años es ahora un ansiado resorte emocional tocado sin disimulo y con poca vergüenza. PP, PSOE y Ciudadanos le agarran de las solapas sin pudor. Sánchez no dudó en parafrasearlo al ser proclamado otra vez candidato. Suárez es la bandera gigante de la campaña al 26-J. No tardaron los populares y naranjas ni 24 horas en salir agraviados. Rajoy inició la anterior carrera electoral abrazado a Suárez Illana en la Catedral de Ávila, donde yace el presidente. Una imagen recuperada con el hashtag #NosUneSuárez esta semana. Rivera, que sueña con ser Suárez, celebró en noviembre una reunión de su Ejecutiva en el Parador abulense donde se firmó la Constitución de 1978.

El pacto de los botellines entre Iglesias y Garzón ha remarcado los arcenes. El PSOE pierde hueco a la izquierda y reconduce el rumbo hacia ese unicornio de la política española llamado centro. Una Atlántida que se presupone habitada por Ciudadanos y reclamada por el Partido Popular. Es la madre de todas las batallas. El CIS de abril registra como el 45,1% de los españoles se manifiesta en el centro del espectro ideológico, en las casillas 4, 5 y 6 de una tabla del 1 (de izquierdas) al 10 (de derechas). Aún así España carga a la izquierda, con un 15,7% situado en el 4 frente a un 9,7 ubicado en el 6. Medio censo vale más que un baile en “El Hormiguero”.

No extrañaría ver a Pedro repeinado a raya o a Mariano apurando un cigarrillo en el sofá de su Moncloa en funciones. En esta espiral de postureo político el centro no son medidas en los programas electorales, es asemejarse sin parecerse al Suárez beatificado. Quieren adueñarse del consenso desde los vetos, arrogarse el diálogo sin practicarlo. Su estrategia es acariciar con el envoltorio el corazón de varias generaciones de españoles. Tras el fracaso del teatro de la negociación desde las esquinas, tres de los cuatro grandes partidos van a golpearse en el centro para intentar que el combate no vuelva a decidirse a los puntos. El problema no es lo que prometan, si no lo que a estas alturas ya puedan prometer.

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