Columnismo

Que no se diga

Donde nunca es verano

27.01.2017 @jorgefrances 2 minutos

Resistir. Caminar tanto en la sombra, invitar con la cartera vacía y estar casi siempre a punto de abandonar. El periodismo, como otras muchas profesiones y etapas vitales, te enseña esencialmente a resistir. “¡Ay de los que luchan toda la vida! Esos son los imprescindibles” sentenciaba Bertolt Brecht. Quizá también por eso el periodismo sea imprescindible.

Estos días los referentes americanos de la prensa mundial tienen la tormenta encima. Han visto el rayo y ya nos les da tiempo ni de contar uno antes de estremecerse con el trueno. Un trueno soberbio, deslenguado, faltón, agresivo y obsesionado con matar al mensajero. ¡Trump, Truuuummp! Ruge ahora la tormenta a un par de meses para que comience la época de tornados en Estados Unidos. Toca volver a ponerse ese chubasquero que nunca termina de secarse. El periodismo es un oficio mojado, donde pocas veces luce el sol. Donde nunca es verano.

Pero resistirá. Este nuevo chaparrón nos sorprende todavía con los pies en el barro de las redes sociales y achicando agua de las inundaciones de la crisis económica. Lo bueno de limpiar es que se recupera la esencia. Esa es la única la forma de aguantar. Esta misma semana el director del Washinton Post decía en una entrevista que ha creado un departamento especial en el diario para incidir en la comprobación de las noticias y para verificar todas las declaraciones de la nueva administración estadounidense. Señor Martin Baron, ¿eso significa que hasta ahora ni siquiera uno de los faros del periodismo mundial se esforzaba en contrastar lo que publicaba? Ahora entiendo parte de la riada. Bienvenido Trump si hará un periodismo que recupere la crítica casi maniática sobre su propio sentido y trabajo diario. De la crisis económica aprendimos que también se puede hacer buen periodismo emprendedor fuera de los medios subvencionados. Del terremoto de las redes sociales que no hay que obsesionarse con ser el más rápido, si no con ser el creíble. Si del acoso Trump recuperamos la desconfianza periodística ante cualquier fuente, más aún de las oficiales... saldremos reforzados. Aunque no pare de llover y en las redacciones se siga escribiendo con el agua al cuello, con aquel viejo chubasquero abrochado y los dedos bien arrugados.

El periodismo sobrevivirá a Trump como lo harán el ecologismo, las mujeres o los inmigrantes. Norteamérica ha cambiado el latido en ocho años, del “sí, se puede” al “resistir”. El latido de la vida. El mismo dilema que espera cada noche en la almohada de periodista.

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