Columnismo

Que no se diga

El cielo de cristal

30.06.2016 @jorgefrances 3 minutos

Cuando en plena noche alzo la mirada desde mi piso de ciudad solo veo un cielo ausente y miles de bombillas que reivindican la vida en las ventanas más altas. Es un mundo de hormigón, ladrillo y asfalto amenizado por la variedad de las luces de los semáforos. Quien nunca hubiera mirado desde otro lugar afirmaría sin un atisbo de duda que todo sucede entre calles y farolas.

Desde el jardín apartado de cualquier pueblo uno también puede levantar la mirada. Entonces lo aplasta el firmamento, el eterno contar de estrellas y planetas que desafían al tiempo y al espacio. Ese mismo instante entiendes que lo más sencillo es que la mayor parte de las cosas no sucedan tocando tierra.

Te quedas con la misma cara con la que comparecieron Errejón y Garzón como escuderos de Iglesias en la noche electoral del 26-J. El desconcierto de lo imprevisible, de la suma que resta, la decepción de lo inesperado. Mantuvieron los escaños pero se dejaron más de un millón de votos en medio año. Unidos Podemos quería conquistar el cielo, pero ¿qué cielo conocen?

Se habían asomado a la ventana de las redes sociales, habían sido abrazados en las plazas y les vitoreaban en los platós de televisión. Nunca han sacado la cabeza lejos del enjambre de luces. Y allí fuera, donde el calor del día se escapa más rápido y la brisa obliga a ponerse la "rebequita" hasta en verano, el firmamento pesa demasiado. En el tú a tú de la charla matutina no hay emoticonos ni memes. Unidos Podemos tenía en el mundo rural su punto más débil. Donde flaqueaban les han abandonado 150.000 votantes.

Ante el infinito punteado puede el miedo a lo desconocido y el frío de la próxima madrugada. Cada horizonte abraza un cielo diferente. Los morados se aprendieron el anochecer urbano creyendo dominar todos los atardeceres. En su rostro se leía el fracaso, pero quizá estén equivocados.

Es cierto que en los otros cielos venció la vieja España. La del miedo, la capaz de premiar la corrupción y la soberbia. La España “hooligan” que no entienden en otros países donde el castigo en las urnas depende de los últimos cuatro años y no de las siglas impresas en cada papeleta. Convenció el viento a favor de "lo malo conocido" frente la ilusión naranja y las sonrisas arcoíris.

Podemos esta golpeando el cristal de las puertas del cielo... de su cielo, en el que se han apagado algunos astros. La escenografía populista, las propuestas utópicas para los rebeldes por juventud y los idealistas trasnochados tocan techo acristalado en el mismo instante que los ciudadanos indultan a los manchados y abandonan el voto de la rabia. En las 10 ciudades más grandes han perdido 250.000 apoyos.

Desde la plaza del Museo Reina Sofía y con el puño en alto, Iglesias y Garzón fueron capaces de contar todas las estrellas.

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