Columnismo

Que no se diga

Fuera de juego

28.04.2017 @jorgefrances 2 minutos

Al Podemos de Pablo Iglesias le gusta jugar al contraataque. Se aburre en el primer toque, no entiende la triangulación parlamentaria y no soporta ahorrarse un buen disparo al ir perdiendo, aunque ni siquiera toque portería. Para Iglesias las legislaturas de cuatro años son siglos, demasiado tiempo para que llegue una nueva ocasión para marcar. Por eso quiere que el gobierno de Rajoy que empezó en octubre acabe más o menos con la Liga y la final de Champions. Este jueves sorprendía de nuevo yéndose solo hacia la portería. Anunciaba una moción de censura aprovechando el alud primaveral de corrupción que acosa al PP.

El problema de Podemos es que está más pendiente de dejar a los adversarios en fuera de juego que de ganar el partido. Sabe que la posibilidad de conseguir los apoyos suficientes para derribar a Rajoy es remota, prácticamente imposible, pero disfruta con media sonrisa rompiendo los tiempos y la agendas del resto. Desde que vendió a Errejón en el mercado de invierno ya no hay quien haga de Iniesta, nadie organiza el juego y pide pases precisos para ir arañando campo rival y poco a poco terminar en el área pequeña. Iglesias no tiene paciencia y arranca la cabalgada a lo Bale sin mirar atrás ni con el rabillo del ojo. Se queda sin pase y si pierde el uno contra uno, ocasión desperdiciada y pelotazo a la grada.

Los morados desprecian al banquillo como si fueran rivales, les aterran las rotaciones. Bien lo demostraron esta semana en la SER cuando prohibieron que Íñigo Errejón continuara participando en la tertulia de “Hora 25” para intentar imponer a Irene Montero. Un fuera de juego en toda regla, lo vio hasta el asistente. Un síntoma más de su falta de respeto a la independencia de los medios de comunicación si no les ayudan a agrandar su espectáculo. El todopoderoso Pablo no hace prisioneros, o quizá sí, y por eso condena a la irrelevancia a todo el que tuvo la osadía de cuestionarle como 9 del equipo, eso sí, con exquisita democracia interna.

Este Podemos no aguanta los 90 minutos, mucho menos la prórroga y abandonaría antes de que empiecen los penaltis. En eso también es la antítesis del PP de Rajoy. Los de Vistalegre aún rozan la pubertad como partido, envalentonados y soberbios, impacientes y alocados. Pablo Iglesias es aquel amigo de las tardes de después del colegio, cuando jugábamos al fútbol tras la merienda. Aquel que era delantero y árbitro, el que cuando su equipo iba perdiendo recogía el balón y salía corriendo a casa con la excusa de que le había llamado su madre.

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