ESPECIAL: 1-O en Cataluña

Habló de puta Cataluña

22.09.2017 @jorgefrances 2 minutos

Ella siempre me decía que no debía vivir en los grises. Puede que, incluso sin saberlo, fuera la voz de toda una sociedad obsesionada cada mañana por pintarse de blanco o negro, que abraza las espinas de los extremos como si acariciara un gatito. En Cataluña se han convertido en expertos en ahuecar las palabras más rotundas, blasfeman sobre la democracia y quieren dedicarle una romería hereje en urnas de cartón y sin precinto. Jalean los bandos, incitan a la batalla, el color contrario es el enemigo. También los grises, esos tonos intermedios no les sirven para su escalada de tensión ensayada contra el opresor inexistente.

La Cataluña independentista reclama una democracia de cartón, que es la peor de las democracias posibles. Porque ni siquiera es democracia. Una en la que no se respeta la autoridad, que no es imperio de la Ley, de legalidad arbitraria y que retuerce al parlamento para exprimirle un proceso ilegal y unilateral. Una democracia que pide votar sin garantías - y eso no es votar-, que coacciona al diferente,  que destroza familias y que rompe la baraja en cada partida que no le tocan buenas cartas. Hablan de libertad de expresión censurando, hablan de responsabilidad mintiendo. Gritan para ignorar a más de la mitad de la población y conducirles en rebaños de Diada hacia un futuro que no existe. Ya lo decía estos días Mary Beard en una entrevista en El Independiente: “La democracia no es solo votar, es tener derechos civiles y educar votantes responsables”. Parece difícil sin políticos responsables. Porque la virtud democrática es que los derechos no dependan de sentimientos ni  de mayorías, sino de un pacto social irrenunciable.

Nos queda una semana sin grises. Ahora sí que es imposible abandonar las trincheras aunque, como en El mundo de ayer de Stefan Zweig o en De Corte a checa de Agustín Foxá, sigan funcionando los teatros. El Estado para defendernos de un golpe y la Generalitat en la cuenta atrás de su martirio deseado que les haga al menos beatos de una soñada república. Quieren ser la plaza Tahrir del “otoño catalán”, la foto de Tiananmen ante la Guardia Civil, las madres de la Plaza de Cataluña y el 13-M ante las sedes judiciales. Perfomances ridículas de la posverdad.

Pero habrá un 2 de octubre y será el tiempo de los grises. De escalar las palabras y de trazar los matices. Encajar o romperse en el diálogo imprescindible de quienes hasta ahora no han querido escucharse. Después de la pelea de callejón deberá negociarse en las instituciones. Porque pase lo que pase el 1-O la mañana siguiente no habrá independencia ni tampoco se habrá derrotado al separatismo. El dinosaurio seguirá allí, como para Augusto Monterroso. Porque, aunque le pese a ella, prefiero los grises que la tormenta.

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