Columnismo

Que no se diga

Juegos de guerra

21.04.2017 @jorgefrances 3 minutos

“La guerra es un asunto demasiado serio para dejarla en manos de los militares”, decía Georges Clemenceau, pero no se imaginaba lo peligroso que iba ser que cayera en manos de los políticos.  Más aún en esta nueva era de líderes con madera de dictador y formas de macarra de barrio que encumbran nuestras democracias imperfectas. Últimamente es abrir las urnas y ponerse a temblar sobre el nuevo disparate que decidirá por mayoría el pueblo soberano (ayudado por injerencias externas, fraudes y burdas manipulaciones). Quizá tengan razón aquellos que llevan mucho tiempo diciendo que la democracia es un asunto demasiado serio para dejarla en manos de los ciudadanos.

El caso es que Erdogan todopoderoso ha dejado rota Turquía. El referéndum se está imponiendo como la forma más eficaz para fracturar sociedades y generar incertidumbres. Pregunten en Reino Unido, relean la hemeroteca de Italia o den un paseo por la Cataluña entre referendos. De un tiempo a esta parte las elecciones las carga el diablo... y nos dispara con Trump.

Políticos autoritarios que juegan a la estrategia sin tener primero de estadista. Ostentan el poder para destruir mientras el resto mira para otro lado o se ríe irresponsable de sus patochadas. El triángulo Trump, Putin, Kim Jong-un (al menos a este no le eligió nadie) es más aterrador que el de las Bermudas y podría terminar por engullirnos como un agujero negro. Los tres se divierten enviándose mensajes prebélicos que disfrutan hasta rozar el orgasmo. Corea del Norte exhibe sus tropas miméticas y ensaya con bombas nucleares como quien prepara la función de fin de curso, o mejor dicho, de fin del mundo. Putin además de cazar ha conseguido el primer robot soldado capaz que disparar a dos manos y acertar el 100% de los blancos marcados. Ha llegado Terminator, otra ficción superada, qué mal envejece la guerra de celuloide.

Y Trump. Mientras se inventa la ruta de sus acorazados se reúne de urgencia en el Pentágono para ver la más reciente imagen captada por sus satélites. Es la base norcoreana donde podría producirse el temido sexto ensayo nuclear. Gabinete de crisis ante una fotografía desconcertante, si queda algo ya que pueda desconcertar en estos tiempos alocados. Los trabajadores de la base están... jugando al voleibol. El presidente frunce el ceño y pone su boca de piñón. Hablan los asesores y los militares. “Podrían estar intentando despistarnos”, dice uno que debió ver el pasado domingo la enésima reposición de Pearl Harbour. “Sin duda, están movilizados y pasando el rato a la espera de que llegue la orden para realizar las pruebas. Es inminente”, asegura el segundo. Turno del militar más condecorado. “Según la tradición deportiva norcoreana que hayan decidido jugar al voleibol es menos provocador que si fuera fútbol o rugby por ser deportes más identificados con el capitalismo occidental. Además (apostilla elevando el tono) en la fotografía se puede ver que está a punto de sacar el equipo de la derecha, que gana dos sets a uno el partido. Buena señal (sonríe) si ganaran los de la izquierda habría que activar el protocolo de emergencia”. Vaya guión se perdieron los Monty Phyton.

Creía Umbral que “el deporte es una estilización de la guerra”. Recemos por una escalada de deporte, aunque sea voleibol.

Etiquetas, , , , , , , ,
Artículo anterior Artículo siguiente