Columnismo

Que no se diga

La España transformista

15.12.2016 @jorgefrances 2 minutos

No se lo van a creer, pero me temo que España va a dejar de ser diferente. El país del sol está dejándose cambiar, quizá como una consecuencia más de nuestro complejo histórico. España quiere ser más americana, más Europea pero menos España. Madrid se hizo Londres en una Gran Vía de musicales cada vez más West End. Barcelona y el País Vasco se saborean como el nuevo París gastronómico. Muchos pueblos de la costa valenciana o las Islas Baleares son Alemania en toalla y bronceador.

Ahora el Gobierno dice que va a tomarse en serio el reto de terminar de disfrazar a España. Se proponen adaptar nuestros horarios al del resto del continente. Es decir, madrugar más, comer antes y que la jornada laboral no se alargue pasadas las seis de la tarde para cenar sobre las siete y así acostarnos sintiéndonos más europeos. Ya nos veo tomando el vermut como almuerzo y echando el arroz a la paella a mediodía. Cenando bajo el toldo del jardín a 30 grados a partir de junio, que aderecen las gotas de sudor un buen gazpacho, y apurando la cuarta copa según toque la medianoche. Siempre hemos sido la Cenicienta europea, pero ahora nos exigen que perdamos el zapato.

¿Y qué hay de la siesta? En sus horarios conciliadores solo marcan veinte minutos para “comer de tartera”. La siesta de “pijama, Padrenuestro y orinal” de Cela será un recuerdo de arqueología costumbrista. Pobre España que quiere perder las esencias con la que ha enamorado al mundo.

Reivindico mi España ruidosa, transnochadora y siestera. De desuso horario por los avatares de la historia. Del “prime-time” que acaba de madrugada, de las luces de oficina mucho más tarde del ocaso. Quieren crear una nueva brecha social, la brecha horaria, porque en un país de servicios casi la mitad de los ciudadanos no podrá nunca adoptar ese nuevo dietario continental.

Los políticos son especialistas en crear problemas y cada vez menos en encontrar soluciones. En la era de la precariedad y de la despoblación consideran urgente poner patas arriba nuestras costumbres y nuestros relojes. Como diría Alfonso Guerra, “a España no la va a conocer ni la madre que la parió”. Desde luego que no, si para ser Londres últimamente no nos falta ni la niebla.

Etiquetas, , ,
Artículo anterior Artículo siguiente