Columnismo

Que no se diga

Los pactos de la pajarería

26.05.2016 @jorgefrances 3 minutos

Confieso que intenté evitar las elecciones del 26-J. La estrategia clásica de las alcahuetas, ese atractivo misterio en desuso del mensaje que predispone a los amantes o que suaviza las trifulcas. El manuscrito que acerca en la distancia. Todos se miran distinto después de haberse leído en confidencia.

Entré en una vieja pajarería, de las que se huelen a dos calles, y con gesto seguro le pedí al tendero una jaula con cuatro palomas mensajeras. No se extrañó tanto como había imaginado lo que reforzó mi confianza en este plan de urgencia para salvar a España de otra campaña electoral. Ese mismo día lancé desde mi ventana la primera paloma. Até el mensaje a la pata y otro papel con la dirección de destino al pico. “No me falles”, le susurré bien cerca de su cabecita hiperactiva. “Pedro, te perdono” le escribió mi Rajoy a Sánchez. “Únete a nosotros, por España”, pedía el pedazo de papel de Rivera a Rajoy. “Lo siento, pero me puede la soberbia”, confesó este Iglesias. “Necesito ser presidente, entiéndeme” reconocía mi Pedro a Pablo. Solté una paloma cada día y suspiré profundo, con la sensación del deber cumplido.

Esperé semanas impaciente y... ¡vaya disgusto cuando Patxi López se ajustó las gafas de pasta y anunció nuevas elecciones! No entendía qué había fallado en esta guerrilla de seducción. El abrazo televisado entre Iglesias y Garzón en la Puerta del Sol me llenó de esperanza, quizá estaba empezando a funcionar mi plan a lo Isabel Gemio. Así que esta mañana volví a la pajarería. Una segunda ronda de mensajes terminaría de deshacer los nudos para un futuro más halagüeño a partir del 27 de junio. Me sentía como un antihéroe democrático, como una Celestina desinteresada que solo busca evitar el desastre. El mostrador estaba vacío, no había director de orquesta para la desafinada sonata de trinos, píos, arrullos y graznidos. En la primera jaula de la izquierda reconocí a las cuatro palomas que solté desde mi ventana. No podía ser. Eran mis soldaditos alados, uno había vuelto cojo pero todavía tenía hasta el hilo donde amarré el papel.

Dí un respingo al sentir una mano en el hombro. “Lo siento”, me dijo la voz apesadumbrada del tendero. “Las palomas mensajeras solo saben volver a casa”, sentenció mi plan y mi esperanza. Cabizbajo y sin pensar cómo también supe regresar a mi hogar. Ese era el problema.  Todos negociaron sin salir de su sede y por eso ahora repiten las promesas seis meses después. Las maletas de la nueva política están llenas de viejas ideologías con formas más sofisticadas y hordas de mercenarios de las redes sociales. Nunca compraron el billete para ningún destino, solo querían convertir al contrario.  La regeneración es una ruta circular para amarrarse a los mismos sillones desgastados. Como las palomas, solo saben regresar a casa.

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