Columnismo

Que no se diga

Malditos asesores

12.05.2016 @jorgefrances 2 minutos

Aléjense de los asesores, son la nueva reencarnación del mal. A pesar de sus trajes impolutos y sus corbatas estrechas de última temporada esconden oscuras intenciones. Se prepara una congregación de monjes ateos especializados en el exorcismo de estos personajes siniestros que despiertan el lado defraudador del contribuyente. Los últimos escándalos los han puesto en el punto de mira, han desenmascarado su plan. Ya no son “coach”, vuelven a ser asesores. Ya no tienen prestigio, vuelven a ser los responsables del fraude.

No se fíen de un asesor, no se dejen engañar. Fíjense que cuando Usted les pida guiñando un ojo que coloquen su dinero donde menos impuestos haya que pagar, ellos van a interpretar que pueden crear empresas en paraísos fiscales o explotar recovecos legales de dudosa ética para ahorrarse parte de su “Hacienda somos todos”. Firmarán con los ojos cerrados estas estrategias desalmadas, como les ocurrió a las pobres víctimas millonarias de los “Papeles de Panamá”. “Fueron los asesores, los asesores... yo quería pagarlo todo y en España”, se oye gritar a los afectados. No sabían nada pero pagaban poco y se reían en un resort panameño de lo barato que sale el país centroamericano.

Los asesores encargaron la amnistía fiscal para que sus incautos clientes forrados de ilegalidad pudieran renacer impolutos devolviendo ni un diez por ciento de lo que no declararon. “Cuéntame” qué asesor traicionó a Imanol Arias y Ana Duato para cometer en su nombre delitos fiscales con la habilidad de no levantar ni la más mínima sospecha. No me extrañaría que un asesor hubiera diseñado el clan Pujol o convencido a Rodrigo Rato para ponerse la máscara del lado oscuro. Mario Conde era su propio asesor.

Cuídense de los asesores que son los nuevos políticos, abogados o periodistas. El cinismo no tiene techo en esa sociedad huérfana de responsabilidad. Hagamos la caza del asesor como antes se hicieron las monterías de periodistas. Empaticemos con los corruptos por acción u omisión, quizá porque todos lo hemos sido en algún momento. Digamos que fuimos engañados, suplantados y extorsionados a pesar de haberles sonreído en aquellos años que conseguían que pagásemos menos impuestos que el vecino. Acabemos con los asesores, cuánto antes... o mejor no. Son una buena coartada.

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