Columnismo

Que no se diga

Mi vida sin mí

22.12.2017 @jorgefrances 2 minutos

A veces te miro y apenas reconozco tu rostro en esa sonrisa forzada y en la mirada que desafía a la tristeza achinando los ojos, como cuando lloras a carcajadas. Esa que sale en las fotos y en las historias de las redes sociales no eres tu. Yo lo sé, pero quizá tu aun no lo sabes. Ese carrete de algarabía perpetua y de elegancia impostada. La sombra que proyectas ha leído más libros de los que jamás hojeaste, bebido tantas copas de vino y cerrados todos los bares donde apenas te conocen. Apareces siempre en la soledad más cruel, rodeada de tanta gente que también ensaya las muecas con las que engañar al mundo. El yo virtual se aleja de la realidad a la misma velocidad que los trenes de las estaciones, aguantando la angustia de las despedidas. Y aquella de las fotos y los vídeos en bucle ni quisiera es ya lo que deseas ser, tan solo es lo que crees que los demás quieren que seas.

Yo tampoco soy el de ese montón de fotos que no hacen montón ni ocupan tramos de estantería. Por eso intento salir poco en ellas y prefiero sonreírte a la cara aunque nadie lo vea y brindar abrazados sin acercarme lo justo para multiplicar los “me gusta”. Estos días será difícil. La Navidad es la orgía del postureo, siempre con el cava bien frío. Así que seguro que se nos escaparán algunas fotografías descorchando felicidad a raudales, echándote de menos aunque rocemos los brazos. Esconderemos la tristeza y la melancolía como ocultamos la muerte de la rutina. Como si no ocurrieran, como si no fueran el verdadero aliciente para disfrutar con intensa sinceridad de cada día.

Es muy posible que tu vida se explique mucho mejor sin ti y, por supuesto, también la mía. Nos describe mejor lo que nos rodea, lo que huele a nosotros o conserva cada una de nuestras huellas. Donde estamos sin estar, donde te veo en el hueco que dejas. Por eso, por una vez, me ha resultado interesante uno de esos desafíos que te llegan a los perfiles sociales. Jamás continúo ninguno, les castigo con la ignorancia que es la peor de las condenas en la era de hacerse perpetuo coleccionando lo efímero. Pero esta vez sí, está vez juego. El reto parece sencillo y me lo propuso mi amigo Alberto. Puede que lo hayas leído (o recibido) porque circula por Facebook. “Siete días. Siete fotos en blanco y negro sobre tu vida. Sin gente. Sin explicación. Desafía a alguien todos los días”. Solo parece sencillo. Búscame donde no aparezco.

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