Columnismo

Que no se diga

Síndrome de Jerusalén

02.02.2017 @jorgefrances 3 minutos

Sevilla es la Jerusalén del socialismo español. Allí, casi sobre las aguas, Pedro Sánchez gritó su PSOE ante una grada de convencidos llegados de todo el país. Lázaro Sánchez se levantó casi cuatro meses después entre los mismos aplausos y consignas que la noche antes de su magnicidio. El tiempo no ha pasado por el discurso del “guapo” pero los acuerdos PP – PSOE han pesado para resucitar su canción del verano, “el no es no”, que arrasó en los mitines y en las tertulias.

A estas alturas nadie sabe si Pedro Sánchez es un profeta o tan solo un charlatán. Si viene para ganarse el futuro que intentaron evitar o para evocar recuerdos malintencionados. Pero en la cuna socialista su ostentosa y desafiante puesta de largo se pareció bastante a los que padecen el “síndrome de Jerusalén” en la ciudad Santa. Un mal que describe Eduardo Galeano en “El cazador de historias”. “Sienten la súbita revelación divina: ellos son personajes de la Biblia y desde cualquier silla o banquito vociferan, en plena calle, bíblicos sermones, dictados por Dios, que anuncian a los desobedientes el castigo eterno de las llamas del infierno”. Sánchez cruzó el puente de Triana como salvador de la militancia y garante de la pureza de un socialismo corrompido al calor de los populares. Lo vitoreaban las señoras en Sevilla como al Cristo del Gran Poder, pero poder (lo que es poder) ya no tiene ninguno.

Aún así el retornado inquieta y seguro que sonríe al comprobar que su entrada triunfal bajo puños y rosas está teniendo consecuencias. La medio tercera vía de Patxi López se esfuerza en conseguir más avales que Sánchez para obligar a un pacto de candidaturas. La gestora tiene miedo de un nuevo giro inesperado de la política de acuerdos desarrollada estos meses para dar estabilidad a un gobierno cojo de apoyos. El PP echa el freno y paraliza la negociación de los presupuestos hasta analizar el impacto de los movimientos a su izquierda. ¿Y si ganara Sánchez y venciera Errejón en Podemos, y ambos cumplieran su promesa de aliarse? La legislatura moriría de nuevo, habría sido un idilio bipartidista de invierno.

Pedro tiene cuatro meses para sermonear España e inquietar a los vivos. El PSOE ignora su apoyo real entre las bases, pero su lucha genera la simpatía del débil aplastado, la de la aldea gala contra la Roma susanista. Por ahora solo conocemos a un autocar de “pedristas” gracias al relato del empotrado Jesús Nieto Jurado para El Español aquel sábado 28 de enero. Esos que entretienen el viaje con rencor, pullas a Susana y cantando La Internacional. Y Santiaga, que se afilió dos días después de la dimisión de Sánchez buscando una causa en la que gastar su tercera juventud.

El ex quiso enamorar Dos Hermanas y Sevilla disfrutando como Narciso de su reflejo en un lago y vociferó profeta en el granero socialista. Vivimos tiempos de incertidumbre, que engendran mesías por encima de nuestras posibilidades. También lo decía Galeano, “lejos de Jerusalén, una parecida enfermedad suele atacar a los huéspedes de la Casa Blanca y a otros presidentes que han recibido, directamente del cielo, la orden de exterminar a los pecadores”.

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