Columnismo

Que no se diga

Síndrome vacacional

07.07.2016 @jorgefrances 3 minutos

En un país que vive del verano no es extraño que las vacaciones sean casi una religión. Hay tantas como bolsillos, pero ya sea a bordo del yate o en la casa del pueblo hay que bajarse del mundo unos días. Es una necesidad. Su ausencia es un fracaso personal que no entiende a razones. Y tengo pruebas.Pedro Sánchez dejó sonando el teléfono de Ferraz para largarse tras las segundas elecciones y con el país en cueros. Con gorra calada y amplias gafas de sol le pillaron en una playa, le faltaba el periódico con dos agujeros. Alguien debería hablar en serio con los personajes públicos, mirarles a los ojos y decirles con tono grave que el disfraz para pasar desapercibido está pasado de moda y es la mejor manera de ser el centro de atención. En un chiringuito a 34 grados y con el despelote generalizado taparse algo más que las vergüenzas solo agudiza la habilidad del "instagramer" y del cazador de "selfies". Seguro que a rostro descubierto solo le hubieran confundido con un actor o con algún "chiquito" del universo Vasile. El líder socialista tenía que aprovechar mientras Rajoy organizaba la agenda para garantizarse unas vacaciones por si luego ya no son posibles porque haya que salvar el país. Y es bueno para España. Mejor ir bronceado a las negociaciones que con la ansiedad de terminar cuanto antes para calzarse el bañador.Existe un síndrome vacacional. Que nos exige tumbarnos al sol hasta en el patio de luces, todo antes que renunciar. Hace unos días, cuando los cuatro mineros de La Hullera abandonaron 19 jornadas de encierro y 3 de huelga de hambre por recomendación médica me sorprendieron sobremanera las primeras declaraciones de una de las mujeres de los afectados. Aseguraba entre sollozos que lo primero que iban a hacer ahora era irse de vacaciones y después... Dios dirá. Despedidos y con su sector bajando la verja para siempre es mejor jugarse la salud que las vacaciones. No lo duden. Son una terapia estacional imprescindible para afrontar lo que tenga tenga de venir.Yo también sufro este síndrome, no se vayan a creer. Hasta que encajé mis planes y llené mi calendario de sombrillas tenía presión en el pecho y miraba como el gato de "Shrek". Si no pregunten a mis amigos.El verano es un estado psicológico que no se consigue sin vacaciones. Los días libres pagados son un derecho laboral, pero lo de verdad terapéutico es de lo que se puede presumir a la vuelta. Todo el mundo debería disfrutar de unas buenas vacaciones. Alimentan nuestro mayor potencial económico y atenúan el impacto visual de las hordas de guiris achicharrados con chanclas y calcetines blancos. No entiendo como Podemos no llevaba en su programa electoral una prestación de dignidad vacacional para las rentas más bajas.

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