Columnismo

Que no se diga

Te estás borrando

12.01.2017 @jorgefrances 2 minutos

Te veo desenfocado. Estás borroso, desdibujado, has perdido la nitidez en la mirada. Te veo así desde el Año Nuevo, como si solo fueras ya cosa del pasado. Eres un fenómeno extraño, una mancha difuminada en movimiento, el eco de las palabras que antes resonaban graves. Un borrón paseando entre la gente trazada al detalle, desde las arrugas de la ropa hasta el último pelo desordenado por el viento. Pero tú, te estás borrando.

Cada año tiene su punto de fuga, su enfoque preciso. Quien no da con la lente adecuada se vuelve turbio. 2017 impone su paso y su ley. El dios del tiempo asesina y engendra. Enfoca y distorsiona a cualquier distancia. A su antojo y sin remedio.

Por eso hemos visto llorar a Obama en pleno proceso de desvanecimiento. Se ha despedido para ceder su foco al temido Trump, que durante 2016 dejó de de ser fantasma para hacerse una amenaza corpórea e insultante, con Putin disfrutando de la cacería. Obama se deshace en la nieve que congela Estados Unidos, la misma que en la vieja Europa oculta a los miles de refugiados en sus campamentos de juguete donde solo atesoran frío y desesperación. Ellos llevan tanto tiempo desenfocados.

En España, que siempre suele llegar tarde, faltan semanas para elegir gafas para 2017. Hay borrosos que pululan haciendo mucho ruido, reivindicando una silueta que alargue su sombra. Trillo se emborrona solo y Aznar emerge como el eterno retornado de la media sonrisa enigmática. Rajoy está más nítido, quizá más que nunca antes, cenando con Rivera en La Moncloa se le concreta hasta la barba. En el PSOE aguantan la mañana de niebla con el anhelo de una tarde de paseo. Pedro Sánchez es un borrón y cuenta nueva. Mientras, Podemos buscará sus lentillas en el ruedo de Vistalegre ignorando aquellos versos de Félix Grande. “Donde fuiste feliz alguna vez no debieras volver jamás: el tiempo habrá hecho sus destrozos, levantando su muro fronterizo contra el que la ilusión chocará estupefacta”. Este enero nadie sale nítido aún en las fotos.

No es posible mantenerse enfocado para todas las miradas. Ni lo intenten. Cada día les irá embarrando como si fueran Madrid, con su boina gris pronto agujereada por un quinto “rascacielos sucios”. Te miro y ya apenas te adivino las muecas. Te borras, lo siento, te borras a la vez que alguien termina de rematarse a plumilla.

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