Columnismo

Que no se diga

Un desahucio en herencia

19.01.2017 @jorgefrances 3 minutos

Enero avanza en una península siberiana a la que han regresado los carámbanos y las piedras a rodar sobre las fuentes. Hoy es más fácil volver a ver a Doctor Zhivago cabalgar por las estepas sorianas, hasta las playas del levante se arropan con sábanas de nieve. España está escarchada como los restos de fruta que aún pueblan las bandejas que adornaron los festines navideños.

Este invierno acurruca el frío en los huesos, pero hay temporales que llegan sin mirar el calendario. Son los que agarrotan el alma al despedir a un ser querido. El hielo de las ausencias, ese escalofrío de soledad del que tanto cuesta deshacerse. Pero las administraciones no tienen sentimientos. Esta mañana escuchaba en un programa de televisión algunos ejemplos del drama de los impuestos a las herencias. El buitreo carroñero de las haciendas autonómicas para cuadrar las cuentas. Varias familias contaban angustiadas como tenían que endeudarse hasta las cejas o incluso estaban a punto de ser desahuciadas de sus casas al no poder afrontar los impuestos derivados de una herencia. El dilema más injusto en el momento menos apropiado. Perder el hogar por aceptar el regalo póstumo del esfuerzo familiar de toda una vida por “dejar algo” a las siguientes generaciones. O renunciar a la memoria, a las paredes por las que correteaste imberbe y despreocupado, creyendo que las propiedades que se pagaron con el sudor de los tuyos eran un legado garantizado. Seguro que hay lágrimas bajo muchos ataúdes.

Este saqueo generalizado en la España autonómica lo lidera Andalucía. Si ese “algo” en propiedades supera los 250.000 euros (no es complicado tratándose de inmuebles o fincas) se traduce en una tasa progresiva de asfixia económica para el heredado. La izquierda más rancia, la que estos días no añora el enero ruso, argumenta ideológicamente este tributo con un “solo heredan mucho los que tienen mucho, tendrán que pagar más”. La política de la simplificación de la realidad, como cualquier generalización, suele engendrar las mentiras más crueles. Que te desahucien por heredar debe ser todo un privilegio de casta. Hasta en los desahucios siempre hubo clases.

Hiela casi en el vermut y no calienta bien la calefacción fuera de las presidencias y los ministerios. ¡Qué frío hace!... en la oposición, repiten en la cola para alistarse en alguno de los bandos internos los socialistas o podemitas. Más calentitos están en el PP, con el efecto balsámico del poder, pero también con unos meses en los que la cascada de congresos les va a mantener ciertamente entretenidos. La vida interna de los partidos es intensa, tan ajetreada en los últimos años, que no queda tiempo para tomarse en serio lo que sucede ventanas afuera. Tras la vorágine electoral de 2016, ahora 2017 es el de buscarse silla y líder. Tampoco es el año de escuchar a los ciudadanos y salpicar en los charcos. De promesas a traiciones van pasándose las legislaturas.

Mientras, la tarifa de la luz en el máximo de los últimos tres años y hay quienes heredan un desahucio. España bajo cero y sin bufanda.

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