Columnismo

Que no se diga

Winter is coming

10.11.2017 @jorgefrances 2 minutos

Llegó el frío. Y la nieve cubrió por primera vez las montañas y los tejados. Rajoy suspiró. El primer suspiro de cierto alivio de los últimos meses. Porque llegó el frío, también a la crisis con Cataluña. El frío hueco de la cárcel y el lejano de la huida. El viento glacial de la soledad europea y la irrelevancia internacional. El escalofrío de la deriva económica y la fuga de empresas. Esa sensación de caer al vacío que a veces sufrimos cuando estamos dormidos. El repelús de los malos tiempos que resquebrajan las antiguas alianzas.

Los indepes alborotan las calles, cortan autovías y vacían los colegios como aullidos del lobo herido. Reincidiendo en su romance de otoño con la ilegalidad al convocar huelgas políticas (prohibidas en España) disfrazadas toscamente de protestas laborales donde las consignas no gritan lo mismo que las pancartas. Pero hace demasiado que lo laboral no importa a los secesionistas, ni todo lo demás, solo su ridículo anhelo de heroísmo. La inestabilidad social como la única forma de que repunte la temperatura del delirio, de contagiar de nuevo de fiebre separatista a la Cataluña que intenta volver a la rutina. De callar a la mayoría hasta ayer silenciosa. La primera nevada de otoño siempre invita a la calma.

Llegaron las heladas, la galerna y la cencella. Esos viejos aliados para ganar contiendas. Porque todas las grandes batallas se pierden en invierno. Lo sabe Hitler y también Puigdemont que ha notado que se le escapaba el verano y la victoria de su golpe de Estado chapucero y remendón. Forcadell se desdice en el Tribunal Supremo. Rajoy bien calentito en La Moncloa. Al hogar del Estado, con la manta de la ley y los abrazos de los aliados. Abrazos que abrazan más que de costumbre. Volviendo a ser Rajoy, esperando que sus adversarios mueran de hambre o de votos. Porque lanzado el ataque 155 ahora toca esperar, siempre con la televisión encendida para seguir al minuto la pasarela judicial de trajes y furgones. Y el presidente espera como nadie.

Rajoy quiere que el invierno comience el 21 de diciembre, también en Cataluña.

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