Columnismo

Sánchez vive, la lucha sigue

05.11.2016 3 minutos

Jorge es un veinteañero que trabaja como portero en una comunidad de vecinos al tiempo que se vuelca por completo en los cuidados de su padre discapacitado. Terminó la carrera de Ciencias Empresariales pero el día de la graduación no se presentó al acto porque no tenía ni para comprarse un traje. Es como un pececillo de agua fría, vulgar, lo que pasa es que no se conforma con estar dentro de la pecera –aunque las peceras molen; que molan y mucho-. Vive atormentado consigo mismo porque cree merecer algo mejor (no para de echar currículums) y se escuda en su padre, en su hermano y en su novia para justificar sus males pero realmente es él el que no se deja vivir. Un día su mejor amigo, que pasaba con el coche por allí, lo pilla lanzando un contenedor de basura contra el escaparate (el cristal no se rompe) de una tienda donde se exhibe un traje que Jorge ansía conseguir.

- ¿Tan importante es ese traje?

- No es el traje en sí, es lo que significa... ¿No tienes la sensación de que siempre hay algo en medio?

- ¿En medio de qué?

- De lo que quiero.

- ¿Y por qué este?

- Porque es el que veo todos los días, porque es muy bonito, porque nadie se lo lleva. No hacen más que rebajarlo y ahí sigue.

- Me gustaría regalártelo.

- Este traje lo tengo que conseguir yo solo.

Se monta en el asiento del piloto y acaba practicando un alunizaje. Ese traje simboliza la conquista de una identidad en rebajas.

Pedro Sánchez ha sido un dirigente político con ínfulas (¿los hay sin ínfulas?) que aspiraba a presidir el Gobierno a toda costa y al final no ha sido capaz siquiera de gobernar su propio partido. Como Jorge, el portero, nunca asumió sus limitaciones y creyó ser merecedor de un estatus superior. En la entrevista con Évole se desquitó, llegando a acunar las teorías conspirativas de los poderes fácticos que machaconamente se han dedicado a vender los sectores podemitas. Otro pececillo de agua fría que no se conforma con estar dentro de la pecera de Cebrián and company. Lo cierto es que a Sánchez, por muchos alunizajes que haga, el traje de presidente del Gobierno le viene grande: quizá debería aprender de Hernando, que parece no tener ningún problema en cambiarse de chaqueta.

Jorge, con el traje de la identidad en rebajas se lanza de nuevo a buscar trabajo y lo contratan ¡de portero! pero en otro edificio. No obstante, la pátina de ilusión no termina por borrarse: continúa mandando currículums como loco. Sobre la azotea del edificio se produce un diálogo magistral con su mejor amigo que colgado de unos prismáticos otea el horizonte:

- ¿Qué buscas?- le pregunta Jorge.

- Algo para seguir engañándome, igual que tú- responde con resignación al inconformismo.

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