Columnismo

Somos el terror (horror)

04.04.2016 @cristobalvs 4 minutos

Al final de la última temporada de House of Cards, (atención: spoiler), el presidente Frank Underwood contempla una ejecución del ISIS en directo, desde el gabinete de crisis de la Casa Blanca, para romper la cuarta pared y dirigirse a los televidentes: “Así es, no se cede ante el terror. Nosotros creamos el terror”. “We make the terror”, dejando a la imaginación de los espectadores las nuevas barbaridades que el matrimonio Underwood será capaz de cometer para ganar las elecciones del 2016 y seguir conservando el poder.

El poder de los Underwood, la despiadada democracia americana de índices de popularidad, donaciones y lobbies, que controlan mediante el chantaje a un país que es todo un continente y que, mientras los chinos los dejen, son la primera y única potencia capaz de imponer orden en el mundo. El terror, mientras Obama se reúne en Cuba con las FARC: La Habana para un Presidente difunto.

A Pablo Iglesias, y demás modernitos de la política, le apasiona esto de trasladar la ficción a la realidad, como si ésta última se nutriese de la primera, y no al revés, sin saber que en el caso de España esta ficción pasa antes de llegar al escenario político nacional por los espejos deformantes del Callejón de Álvarez Gato y se convierte en un esperpento valleinclanesco más. Del terror de los Underwood al horror nuestro de cada día.

Usados cotidianamente como sinónimos de miedo, el terror, sin embargo, implica el miedo racional hacia algo o alguien. Hay motivos para temer a los Underwood. Por el contrario, el horror se centra más en el miedo hacia lo desconocido, hacia lo irracional o paranormal, pudiendo significar también una aversión profunda hacia algo o alguien. Hay motivos, también, para sentir horror hacia nuestros políticos, pues nos provocan esa aversión, a veces por puro comportamiento paranormal.

En el espesor de la selva filipina, entre el calor húmedo y los mosquitos, Marlon Brando, enloquecido, se creía el Coronel Kurtz, y gemía de dolor mientras exhalaba su testamento vital: “Yo he visto el horror. El horror”, a la vez que aceptaba la muerte a manos de un joven Martin Sheen que debía de acabar con aquel error de cálculo norteamericano en Vietnam. Pues bien, yo he visto el horror: en el telediario, en las tertulias, en los plenos, cada vez que el concejal de turno abre la maldita boca o pone un tuit. Hemos visto el horror.

Y es que, puestos a hacer paralelismos entre ficciones y realidades, nosotros siempre salimos mal parados y nuestros políticos son, a los Underwood, como Torrente a James Bond, como Los Serrano a Los Soprano, como Los Hombres de Paco a los de Harrelson. Es decir, igual de malos, pero mucho más cutres, como de pobres. Quizás influya el doblaje. Si doblásemos a nuestros políticos ganaríamos todos.

Lo que si se parecen nuestros políticos a los Underwood es en la posesión de una capacidad máxima: la resiliencia. Que aquí uno no vence por bueno ni por malo, ni por inteligente ni por tonto, sino por resistencia pura y dura, en un solar hispánico que es un mar de adversidades para el hombre honrado. Ya lo dijo Cela, que de eso sabía un rato: en España, el que resiste, gana.

Que aquí el político que triunfa es el que sobrevive, el que no dimite ni aunque tenga más imputaciones que Julián Muñoz, el que donde dijo digo, ahora dice Diego, el de como ahora te digo una “co”, te digo la “o”, el que cambia, funda o hunde un partido, pero sigue ahí y, cuando se jubila, pone una estatua en un aeropuerto sin aviones y deja a su hija y al yerno en el despacho, mientras se marcha a Andorra.

Triste España ésta, la de siempre, por otro lado, de la aristofobia de Ortega, del odio a los mejores que nos trae estos horrores, de las guerras civiles entre primos y cuñados delatores. De las dos Españas tópicas que amordazan a la tercera. De purgas podemitas y de niñatos de las juventudes degeneradas que al son del sí señor acaban de ministro sin la ESO y rogándole a la Macarena que nos arregle lo del paro.

Si en las series hay políticos capaces de crear el propio terror por conseguir sus intereses, en la realidad política española los hay capaces de crear el mismo horror, por propia estupidez potenciada por egos y haciendas. Si los Underwood son el terror, nuestros políticos son el horror. O un horror. Que viene a ser lo mismo.

 

Cristóbal Villalobos es profesor de Historia y escritor. Accésit del Premio Jérez Perchet de Periodismo, colabora con medios como ABC, El Norte de Castilla, Jot Down o Diario Sur.

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