Día Internacional del Flamenco

A orillas del Guadalquivir

14.03.2017 @toniiasenjo 2 minutos

El agobio de las altas temperaturas nunca supone un obstáculo cuando se dan en lugares con encanto. Y Andalucía, con sus defectos, los tiene. Porque los grados pueden ser una buena excusa para sentarse a contemplar el paisaje que ofrece la naturaleza. Un puente, el atardecer que se pierde en el infinito del río, la brisa que invita a la relajación para combatir el bochorno. El olor a brasa que se diluye en el imperio del marisco y una larga escalera que desemboca en la lucidez del lento adiós al día. El sol que se resigna a marchar mediante su reflejo en el agua.

Inmortalizar, pues, va más allá de la fotografía. Retener el olor a incienso que da la bienvenida en la calle Pureza, caer en el asombro cuando tratas de entender si es posible que miles de personas se aglutinen en ella cada Jueves Santo, a pesar de su estrechez, para recibir a su Esperanza. Que la fe agranda la Capilla de los Marineros y Triana es mucho más que sus hermandades, sus bares de pescado frito y la antigüedad de los hogares. La placidez de las terrazas de la calle Betis con la melodía del caudal del Guadalquivir y el restaurante Mariatrifulca, que se convierte en el nexo entre el Puente de Triana y la Plaza del Altozano.

La inmensidad de la Plaza de España precedida por el verdoso Parque de María Luisa y sonido seco del trote de los caballos que se abre hueco entre el cuchicheo de la multitud. Sus bodegas y tabernas del centro histórico con voces rotas entre guitarras, cajones flamencos y repiques de palmas que atraviesan tabiques y anticipan la sevillana. Y la Campana, que también vive sin el racheo del costalero, pero que cuesta dibujarla sin un paso a costal. O los empedrados y ajustados callejones que mueren en el Arco de la Macarena para abandonarte en la puerta de su Basílica.

Y si de lugares con embrujo se trata, cómo olvidar la Giralda, cuya luminosidad se marcha a medida que la vista alcanza el punto más alto del monumento. Porque entre los placeres que ofrece el canto del Guadalquivir, además de la estampa de Triana, se encuentra el de qué historia contar el martes. Todo ello con el espacio reservado para la mejor cita.

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