Columnismo

Surco de letras

Antisistema como sistema

31.05.2016 @toniiasenjo 2 minutos

A veces se pone en duda si vivimos en una sociedad civilizada cuando presenciamos a través de los medios sucesos como lo que se han producido en el barrio de Gràcia (Barcelona). Los okupas han decidido tomarse la justicia por su propia mano porque al Ayuntamiento les ha “cortado el grifo” literalmente. Xavier Trías, alcalde de la ciudad hasta las pasadas elecciones municipales, asumió el coste del “banco expropiado” a cargo del ayuntamiento; una verdadera broma para los contribuyentes. Es decir, han utilizado un local que no les pertenecía mientras ha sido financiado por las arcas públicas.

Y llegó Colau, la eterna adepta a las reivindicaciones sociales cuando se llevan a cabo contra los demás, para acabar con una situación bochornosa para quienes pagan sus impuestos. Es una obligación, nunca está mal recordarlo porque algunos ya lo han olvidado. La consecuencia más inmediata fue el destrozo del mobiliario urbano, así como la quema de vehículos o los estragos en los escaparates de los comercios. Los Mossos d´Esquadra cargaron contra ellos y la CUP, sin la menor intención de dar ejemplo para la ciudadanía, arremetió contra la policía autonómica tachando su actuación de “desproporcionada”. Supongo que la tribu de Anna Gabriel no era ninguna guasa y muchos aún permanecen en aquellos días.

Me da pena que estos individuos estén gobernando nuestras instituciones, las de la gente, como ellos dicen; que, en lugar de inducir al mantenimiento del orden público, respalden la violencia e incluso participen en las violentas protestas. Es indecente que un barrio esté en vilo desde hace varios días porque haya revolucionarios que campen a su antojo con el apoyo de los antisistema que desgraciadamente forman parte del sistema y los cuerpos de seguridad no cuenten con el menor respaldo institucional para desarrollar la defensa. Y lo que es peor: Colau ha pasado de amparar la carga policial a condenarla.

El cambio de opinión esconde indudablemente un interés político. La CUP se abstuvo en los presupuestos que se aprobaron hace unas semanas y mostrar una versión pública opuesta conlleva el riesgo de poner en juego las inversiones de Barcelona en este año y la continuidad en la alcaldía de la edil podemita. Los antisistema se presentaron como la pataleta del régimen democrático actual y de momento están cumpliendo con creces su propósito. Coaliciones, coaliciones…

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