Columnismo

Surco de letras

Aventuras a pesar del mal

07.03.2017 @toniiasenjo 2 minutos

El día con destino planeado, con ruta improvisada. La pelea entre el sol y los nublos, una disputa permanente por acaparar el decoro del paseo. El despertador es menos ruidoso, mucho menos. Y la carretera, a pesar del mal tiempo, no parece alterada, sino que luce una imagen plácida y propicia para guiar. El contacto de su mano, su presencia, otra forma de viajar. El precipicio del lunes es presuroso, como casi todos en los que el domingo por la noche toca despedir. Pero no importa, es una oportunidad más para caminar hacia el viernes, una ocasión para valorar a través de su ausencia.

La ruta improvisada se tiñe con un frío seco, de los que se combate con un buen abrigo de pelo o, en su defecto, con un abrazo. Los pasos convertidos en una escalera hacia el cielo y los bares como meros descansos más allá de la carta. Y la vuelta desemboca en un apacible paseo por la playa, acompañado por una tímida brisa que induce a la pisada lenta, como si consistiera en retrasar el final. Unas imágenes para inmortalizar lo que para la gente quedó de aquella tarde, lo que para nosotros es una pieza más del puzle infinito. Hasta las paradas son adecuadas para endulzar el momento.

Pero la consecuencia de la cena tuerce el rumbo del día. Un punto negro, una mancha que quita el sueño. Y como nada es casual, la mañana da un vuelco a causa de aquella sombra borrosa. Otra vez aparece acaramelar. Es ese ingrediente que sirve para cualquier receta, para cualquier momento. El estado es indiferente, cada instante es válido para el encuentro: “Mañana estoy allí”. Es la lucha interior entre el anhelo y el apuro que finalmente es absurda cuando la insistencia tampoco puede parar su ternura.

El tiempo no espera, la mañana se va casi sin avisar y vuelve la larga espera, el apesadumbrado paso de los minutos. Volver a la almohada como quien se acerca a un frasco para oler la fragancia que le transporta a aquel instante. Pero como les decía la semana pasada, la historia se repite. Así que igual vengo el próximo martes contándoles los entresijos de las aventuras del fin de semana, pero con un punto más de locura, si es que la experiencia me permite perderme en el retrato de los mejores recuerdos.

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