Columnismo

Surco de letras

El caos de Iceta

19.12.2017 @toniiasenjo 2 minutos

Las elecciones catalanas del 21 de diciembre se presentan como un verdadero quebradero de cabeza para cualquiera que pretenda formar un gobierno estable, es decir, construir un gabinete tricolor. Y eso, con una campaña tan polarizada es imposible, salvo que alguien esté dispuesto a juntarse con el enemigo a cambio de asegurar un despacho en la Generalitat.

Iceta es un posible candidato, principalmente porque es incompatible defender la intervención del Gobierno central y pedir el indulto de los líderes independentistas para arrancar un puñado de votos procedentes de los nostálgicos de la república fallida. Esto no va de bailes, ni tampoco de ocurrencias, pero el líder del PSC ha demostrado ser un malabarista que trata de mantenerse, sin éxito, sobre el delgado hilo de la coherencia.

El último número de Iceta fue pedir el “cupo catalán”, que Cataluña gestione sus impuestos y pague un porcentaje al Estado, aunque lleva meses exigiendo un nuevo modelo de financiación autonómica que sea justo. Todo porque, según él, la reconciliación pasa por ceder ante el chantaje secesionista. Pero más allá de las concesiones por parte del constitucionalismo, todavía no ha concretado cuáles son las renuncias de los demás, seguramente porque es consciente de que las posibilidades de concordia son nulas. Paradójicamente, las encuestas auguran un aumento de escaños respecto a 2015, quizás porque el PSC ya tocó fondo.

El capítulo de los imposibles es extenso. Postularse como presidente teniendo diez escaños menos que Inés Arrimadas es una auténtica broma y una tomadura de pelo para cualquier elector que se preste al mínimo análisis. Como lo es el propósito de ser sostén de la unidad de España y a la vez rechazar un acuerdo con Ciudadanos, cuando es una evidencia que por respaldo en las urnas encabecerá cualquier aternativa al independentismo.

Para el próximo jueves solo cabe esperar la continuidad de los golpistas por dos razones: el PSC, que debería ser uno de los ejes del constitucionalismo, lleva años jugando a una equidistancia letal con el nacionalismo; y los comunes, que actuarían como árbitro en caso de formarse dos bloques, ni están ni se les espera al lado de la Constitución. Cataluña es ingobernable porque los independentistas seguirán instalados en la ilegalidad en cualquier caso y la alternativa está lejos de ser sólida y también vive presa en el caos de Miquel Iceta.

Etiquetas, , ,
Artículo anterior Artículo siguiente