Miscelánea

El chalé de la incoherencia

22.05.2018 @toniiasenjo 2 minutos

La congruencia, especialmente en política, es un valor en extinción; mantener un discurso homogéneo, compacto y sujeto a la realidad, un elemento diferencial que solo se percibe si volvemos algunas décadas en el tiempo. Lo es en la nueva y en la vieja política, aunque pretendan hacernos creer que la vida pública tiene margen de reinvención. Porque el sermón requiere una dosis de autenticidad que, como mínimo, prive a los secuaces de percatarse del despropósito. Hasta el chalé, el proyecto de vida familiar (en palabras de la familia Iglesias-Montero), puede convertirse en una inversión con el valor de las acciones en caída libre.
Aquí no se discute el derecho a prosperar, que evidentemente es legítimo, sino la vigencia y la esencia del origen del argumentario podemita. A priori, hipotecarse con el banco durante 30 años no debería implicar ningún disparate para la opinión pública, más allá de los riesgos que suponga para la economía particular. La disyuntiva florece cuando el discurso de Pablo Iglesias desprende rechazo hacia todo aquello que huele a prosperidad, salvo cuando es él quien se encuentra en la cresta de la ola. Es incomprensible que en su día pusiera a Luis de Guindos como carnaza para sus fieles, pero ahora apele a la libertad para destinar sus ingresos a lo que le plazca.
El juicio del odio ha cambiado de investigado con dos particulares diferencias: quienes reprobaban al exministro hoy son abogados defensores de Iglesias y la parte acusadora no exhibe inquina contra quien emprende un “futuro campestre”, es decir, un chalé de 600.000 euros. Tanto tiempo incordiando a la casta para después ser uno más, qué cara se vende la coherencia. Urge recurrir al tópico: “Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”.
Es consciente de que no habrá un coste personal, por eso convoca a sus bases para pronunciarse con el objetivo de responsabilizar también a la militancia y encontrar algún amparo. Ningún político pondría en juego su escaño si albergara una mínima duda sobre su continuidad. Los inscritos no darán la espalda a su líder, principalmente porque Podemos es una formación muy personalista que tiene un estrecho vínculo con su fundador y su ausencia provocaría un vacío de liderazgo con un remedio no exento de trances internos. De lo contrario, las cuentas no saldrían para el préstamo bancario. Pero indudablemente, Pablo Iglesias siempre tendrá una deuda vitalicia con la coherencia.

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