Columnismo

Surco de letras

El declive sindical

02.05.2017 @toniiasenjo 2 minutos

Como cada 1 de mayo, los sindicatos vuelven a convocar a los trabajadores para manifestarse y tomar las calles de las principales ciudades. Este año han convocado 73 movilizaciones a lo largo y ancho de todo el país para reivindicar mejor empleo y más remuneración, consignas que comparte cualquier ciudadano de clase media y que de cara a la galería cuentan con la aprobación de una amplia mayoría. Pero a efectos legislativos los logros son inexistentes, es decir, la representación de los trabajadores no ha conseguido mover ni un milímetro la postura del Gobierno.

La influencia de los sindicatos es nula y su condición de agente en la negociación de las políticas laborales es residual. Y lo es porque su capacidad de movilización ha disminuido considerablemente en la última década. Los ochenta quedaron en el olvido. Su incompetencia queda reflejada en el más de medio millón de afiliados que han perdido en el último lustro y su regeneración no ha ido acompañada de cambios sustanciales. Tanto UGT, con Cándido Méndez como secretario general hasta 2016, como Comisiones Obreras, con Ignacio Fernández, no fueron capaces de mantener el crédito de los primeros años de democracia y el deterioro progresivo del colectivo es una realidad incontestable.

¿Cómo van reclamar y reivindicar los derechos de los trabajadores dos organizaciones que han formado parte de la trama de los cursos de formación en Andalucía? Durante años se han repartido el pastel de la corrupción junto a los partidos políticos que entre otras consecuencias han terminado por mandar al vertedero miles de millones destinados a combatir el desempleo. Es incomprensible que se hayan llenado los bolsillos con dinero público a la vez que abanderaban la demanda de mejoras laborales, las mismas que ellos han contribuido a destruir con el saqueo de las arcas públicas.

Los sindicatos deberían estar para algo más que una manifestación anual que se convoca en función del color del partido de gobierno. Fueron trascendentales con Felipe González, pero han de plantearse cuál es y dónde está su futuro más próximo, sobre todo porque ni en sus propias filas gozan de la confianza necesaria para emprender el diálogo al que obligan las cifras de paro. Para ello hace falta un lavado de imagen que parta de un trabajo eficaz y relevante en la toma de decisiones, más allá de vivir al son de la subvención, que este año alcanza casi nueve millones de euros.

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