Columnismo

Surco de letras

El formato de Alsasua

07.11.2018 @toniiasenjo 2 minutos

La epidemia que padece España en estos momentos no es otra que la propagación del nacionalismo matón e intolerante, un contagio que arrancó en Cataluña con la usurpación del espacio público, continuó con la influencia de los golpistas en Moncloa y se manifestó el domingo en sus términos más repugnantes en Alsasua. El motivo: un acto público para apoyar a la Guardia Civil. Y es que dos de sus agentes fueron apaleados por un grupo de abertzales hace dos años, probablemente porque su mera presencia incomodaba a la ‘kale borroka’ de Navarra, ese séquito de totalitarios que convive bajo el paradigma de ETA y el anhelo de anexión al País Vasco.
Centenares de personas decidieron disputarle el relato de la historia, el discurso de la propaganda etarra. La respuesta fue, como acostumbra esta banda de intransigentes, la intimidación, el insulto y el amedrentamiento contra quienes se resignan a claudicar ante las consignas del vandalismo nacionalista. Nadie del Gobierno se dignó a condenar el linchamiento, sino que recurrió al mantra de la “crispación” para desmarcarse de la tesis constitucionalista. Nada más lejos de la realidad, el ministro Grande-Marlaska pidió en Cope “otro formato”. Es decir, el silencio, la complicidad, la sumisión al matonismo y la renuncia a combatir la lacra separatista que hoy mantiene absorbido a un Gobierno cobarde y rehén del voto golpista.
Un Consejo de Ministros que se envuelve en el “diálogo” para disimular la complacencia con la subversión del orden constitucional, esa es la única provocación que tiene en vilo a la nación; la de un presidente que ha separado al PSOE de los principios de la Carta Magna para agonizar cuanto sea necesario en el poder. Alcanzó La Moncloa con el voto más radical, incluido el de Batasuna, y su coste pasa por entregar el control del Estado al asedio independentista. ¿Qué credibilidad tiene un tipo que ve rebelión o sedición en función del cargo que ocupa? Su margen de maniobra es tan limitado que jamás se atrevería a mandar algún representante socialista para reivindicar la unidad de España. Ni en Alsasua, ni mucho menos en Cataluña.
Arrancamos el curso con que las provocaciones de Torra eran “asumibles” y ahora ningún gobernante es capaz de negar que habrá indultos tras el juicio al golpismo. Lo próximo será la cesión de las competencias de Tráfico a la Policía Foral en Navarra, que en definitiva se traduce en retirar una función más a la Guardia Civil. Sánchez seguirá cediendo cuanto le exijan hasta que el cuerpo se vea abocado a abandonar la región y será ahí cuando abertzales y proetarras habrán conseguido su propósito. Eso sí, con la inestimable colaboración de un Gobierno que disfrazó su “formato” de impunidad, olvido y humillación.

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