Columnismo

Surco de letras

El inmoral adiós de ETA

08.05.2018 @toniiasenjo 2 minutos

Casi hay que celebrar la decisión y rendir honores, eso se desprende de la parafernalia propagandística que ha orquestado la organización terrorista en las últimas semanas, siempre con el visto bueno de Podemos y los restos de Batasuna, por supuesto. Primero lanzaron un vídeo pidiendo perdón a las víctimas inocentes que no eran parte del “conflicto” que nunca existió, concepto al que se aferraron e inventaron tras la muerte de Franco para dar cabida a la justificación del asesinato. Una guerra, por cierto, que solo contó con un combatiente puesto que nadie respondió con armas y su castigo fue la aplicación del Código Penal.
Demuestran que tienen una catadura moral escasa cuando apelan a la libertad del País Vasco y obvian al mismo tiempo que fueron ellos quienes la coartaron sembrando el terror y la discordia con la extorsión, el crimen y la intimidación como herramientas. Pretendieron imponer la autodeterminación con el odio guerracivilista como baluarte y las cunetas como última voluntad de las víctimas. Porque los etarras, tal como recogen en su comunicado, serán dueños de su futuro, el mismo que le negaron a más de 800 inocentes a golpe de gatillazo. Y encima tienen la desvergüenza de pedir clemencia, mientras se acobardan para explicar qué fue de los más de 300 casos que hoy andan enquistados en los tribunales porque están sin resolver y las expectativas no son precisamente esperanzadoras.
Lucharán, dicen, por una Euskal Herria no patriarcal, pero ni rastro de las 60 mujeres ejecutadas. Qué memoria tan delicada, ¿no? La voluntad del Estado siempre fue el cese de la violencia, nunca hubo afán por mantener a ETA. Y eso es perfectamente compatible con la memoria del relato, que la renuncia a su despotismo no borre el sufrimiento de quienes decidieron que la trituración de la Constitución no era una opción y sí una oportunidad para reivindicar los valores demócratas que conforman la España moderna.
ETA se va sin haber liberado nada y tendrá que convivir con la pesada carga de la conciencia durante el resto de la historia, aunque ahora intente enarbolar la bandera de la paz. Desaparece porque el Estado, con sus carencias, ha aguantado los envites del terrorismo con la libertad en el horizonte. Porque los únicos presos son quienes concibieron un país con sus singularidades reconocidas en la Carta Magna con su propia vida como moneda de cambio. ETA nació y muere en Euskadi, sin logros, con la condición humana tan degradada como siempre.

Etiquetas, ,
Artículo anterior Artículo siguiente
Etiquetas, ,