Columnismo

Surco de letras

Falsas negociaciones

02.08.2016 @toniiasenjo 2 minutos

Dos elecciones en seis meses y seguimos sin Gobierno. La repetición de los comicios no ha hecho más que apuntalar lo que sucedió allá por finales de diciembre: el PP mantiene el liderazgo entre las fuerzas políticas a pesar de haber atravesado cuatro años letales, aunque sin una mayoría suficiente que le permita prolongar el mandato; el PSOE es una sombra borrosa de lo que fue aquel partido hegemónico encabezado por Felipe González; Unidos Podemos parece haber tocado techo; y Ciudadanos ha asentado un discurso centrista, pero que no termina de calar en el electorado moderado, si bien mantiene una importante representación en el Congreso.

No obstante, y lejos de poner fin al hartazgo de la ciudadanía, los vetos no han desaparecido y el fantasma de las terceras elecciones ya no es ninguna utopía. Es curioso que ningún político contemple una nueva llamada a las urnas, pero de momento es el abismo más cercano. Lo lamentable no es que los acuerdos no se consumen, sino que aún estamos a la espera de que alguien hable de medidas o propuestas y no de caras. No podemos afirmar que haya negociaciones frustradas porque nunca han existido. Ahí está Albert Rivera, que regala una abstención como gesto de desbloqueo sin pedir nada a cambio; una sonrisa del destino, diría Pablo, aunque en nada se parece al contenido.

¿Y Sánchez? No sabemos siquiera su estrategia, pues que nos cuente cómo se puede alcanzar la formación del Gobierno sin su abstención y, lo que es peor, evitar otra votación. Pensaríamos una posible alternativa progresista, de cambio la llaman ahora, pero los socialistas se resignan a ello, no sé si porque el guiño a la extrema izquierda en su día lo han pagado ahora o bien Pedro no está dispuesto a continuar haciendo el ridículo. Podríamos decir que aquel maravilloso sueño se agotó a principios de marzo.

Vivimos en una incógnita constante: unos nos cuentan que su sitio es la oposición, pero no permiten gobernar; otros acatan el encargo de Felipe VI condicionalmente. Déjense de cuentos: Rajoy debe ir a la investidura sin peros y a sabiendas de que fracasará, además supondría trasladar la presión a los socialistas que, como se ha comentado ya en numerosas ocasiones, no han decidido de qué forma suicidarse. Unas eventuales elecciones serían una oportunidad para que la abstención diera la puntilla al sistema y este acabara en funciones, nunca mejor dicho.

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