Columnismo

Surco de letras

Gobernar por decreto

04.04.2017 @toniiasenjo 2 minutos

Las mayorías absolutas permiten gobernar sin obligación de acordar, es obvio. De hecho, si cualquiera observara cuál es la situación en Venezuela sin tener en cuenta los resultados que se dieron en las urnas en 2015, creería que Maduro conservó el mandato con suficiencia y repitió los triunfos que, aunque sospechosos, permitieron mantener a Chávez en el poder hasta su renuncia a causa de su enfermedad. Pero la realidad es totalmente opuesta: la Mesa de la Unidad Democrática, que reunía a toda la oposición, arrasó en las urnas y obtuvo 112 escaños, lo que le otorgaba la legitimidad para controlar la Asamblea Nacional y, por ende, la dirección del país. Los discípulos chavistas se quedaron con 55.

Pero los sistemas autoritarios y tiranos, como el venezolano, se caracterizan por la resistencia en una mentira constante que se perpetra como el dogma de la verdad para vivir en libertad. Y es una falacia porque una democracia no puede darse sin separación de poderes, ni mucho menos cuando los votos solo son papel mojado porque no tienen efecto en las instituciones. La última muestra se dio cuando el Tribunal Supremo de Justicia, controlado por Maduro, asumió las competencias de la Asamblea Nacional; es decir, ordenó retirar el poder del único órgano que no controla y además ha sido respaldado por la ciudadanía. Rectificó, sí, pero lo hizo porque se trataba de un golpe de Estado con una peculiaridad: se consuma desde el propio gobierno para liquidar la única representación electa mediante las urnas.

Venezuela se ha convertido en un sueño roto. Un país rico que se empobrece por el capricho de un opresor cuyo amparo reside en culpar a los poderes económicos y en la aparición divina del “pajarito” Chávez para satisfacer su voluntad. Ni se puede escudar a un tipo que encarcela a sus opositores y reduce las manifestaciones por la fuerza militar. Y es en Europa donde debe calar el ejemplo de los errores que no se deben cometer.

Claro, la condena y el ejemplo requieren unidad institucional. El problema es que quienes antes veían a Venezuela como referencia hoy no se atreven reprobar las prácticas autoritarias, es más, tienen cinismo suficiente para recriminar que no somos aptos para dar ejemplo. Resulta más comprensible cuando se atreven a ser palmeros de los que luchan contra el sistema mediante la violencia, incluso cuando no tienen reparos en calificar a un terrorista como preso político. Aunque todavía no se hayan escandalizado por el encarcelamiento de Leopoldo López.

Etiquetas, ,
Artículo anterior Artículo siguiente