Columnismo

Surco de letras

Ilusión en Navidad

13.12.2016 @toniiasenjo 2 minutos

Diciembre es ese mes en el que las calles se llenan de luz, la ilusión se refleja en los más pequeños y los adultos elaboran una larga lista de propósitos que se van incumpliendo con la cuesta de enero. Ahora toca lanzar una mirada al pasado más reciente, analizar aciertos y errores y emprender un camino de ilusión y retos con la llegada de 2017, lo que hasta el momento se ha convertido en una costumbre de cada despedida. La familia reunida, los cuñados enfrentados por el poder de la razón y los abuelos presidiendo la mesa como la voz de la experiencia.

Hace unos días, mientras paseaba observando el colorido tan típico de estas fechas, unos niños pateaban un balón en medio de una plaza sin quedar exentos de la correspondiente advertencia de sus padres: “Tened cuidado, hay gente cerca”. Los individuos se miraron mutuamente, como si el silencio fuera suficiente para comunicar una alternativa. En realidad, solo escondían un respiro de alivio, pues ahora todos se vuelven ejemplares porque de lo contrario peligraría el botín de los Majestades durante la madrugada del 6 de enero. Inevitablemente sonreí porque no era más que la escenificación de un comportamiento que en algún tiempo no tan lejano todos tuvimos.

Continué la caminata deleitándome con los adornos, escuchando villancicos y haciendo bobadas al respecto, el espíritu de niño siempre permanece. Así que me detuve en un árbol sobredimensionado e inmortalicé el momento. Cuando me di cuenta, había pasado casi media hora entre fotografías, vídeos y miradas hechiceras. Cualquiera que pasara por allí pudo pensar que se trataba de una pérdida de tiempo absurda y propia de un joven sin otro quehacer en una tarde placentera de diciembre, así me lo hizo saber algún impertinente que recorría aquella plaza con la bocina del coche en su máximo esplendor.

No me importó demasiado porque la magia de la Navidad, para los que tenemos algunos años más, también es vivirla como uno quiere, rodearte de quien te da la gana, recorrer tu pequeño mundo a tu manera y llenarlo de felicidad, abrazar y poner barreras al frío, suspirar y desprender dióxido de carbono como el humo de un cigarrillo mientras cumples un sueño, sentir escalofríos cuando un solo gesto es suficiente para convertir el día en el mejor regalo. Qué más da, hay maravillas que no van envueltas en papel de dibujos. El placer es mantener la ilusión.

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