Columnismo

Surco de letras

La carrera de fondo

28.06.2016 @toniiasenjo 3 minutos

Las encuestas engañan y los análisis precipitados solo sirven para hacer especulaciones sobre el futuro incierto. De hecho, la repetición de las elecciones ha constatado que la ciudadanía vuelve a los partidos tradicionales en tiempos de incertidumbre y las expectativas acerca de posibles resultados fueron un despropósito fomentado por la propia opinión pública, si bien nos situamos ante una nueva etapa sin mayorías absolutas. La victoria del PP era previsible, la incógnita estaba en la horquilla de los escaños; el PSOE mantuvo la hegemonía de la izquierda contra todo pronóstico, con la coalición de Unidos Podemos estancada y el retroceso de Ciudadanos a costa de la desbandada de votos hacia los populares.

Tras el fracaso en las negociaciones de gobierno, todos los partidos decidieron lanzar su particular campaña en televisión, fruto de los nuevos códigos que ha implantado la nueva política. Niños, familias, programas de entretenimiento, entrevistas múltiples, todo para arañar un puñado de escaños. Y ahí estaba Mariano, el más listo de la clase. Proyectó dos semanas en aquellos sitios donde se jugaba un último diputado, con menos mítines y más calle. El líder popular repitió por activa y por pasiva sus logros económicos, ataviado por la corrupción, pero consciente de que la repetición de las elecciones le favorecía.

Recuerdo aquella entrevista con Susanna Griso en la que el presidente en funciones se mostró convencido de superar el 30% de apoyo en las urnas mientras esta contemplaba casi perpleja las expectativas de Mariano, debió pensar que se trataba de una proeza. ¿Y Sánchez? Salvó la papeleta ante un pronosticado sorpasso, pero la sombra del fracaso le persigue tras revalidar y superar el peor resultado de la historia un PSOE que, a pesar de mantener el liderazgo de la izquierda (es bueno para la moderación de España), es un barco a la deriva. Se abre una etapa interesante en las filas socialistas, pues la hecatombe de Susana Díaz en Andalucía fortalece a Pedro.

Rivera pagó los platos rotos de la ingobernabilidad, quizás porque el “Pacto del Abrazo” y el veto a Rajoy no fue recibido con los brazos abiertos, nunca mejor dicho, entre su electorado más conservador. Es probable un cambio en el discurso de Ciudadanos como ya adelanté hace dos semanas, con regeneración democrática, pero con Mariano también. Unas terceras elecciones solo benefician al PP. El resultado de Unidos Podemos lo calificaría como un crecimiento desacelerado, esa expresión-comodín que utilizan los ministros de Economía para negar que algo marcha mal. Por el momento solo se ha “beneficiado” de una deuda de nueve millones de euros procedente de IU.

En definitiva, Rajoy enfocó su permanencia en la Moncloa como una carrera de fondo. Muchos pidieron su cabeza, otros dudaron de su liderazgo, algunos contaban su resistencia por horas. En la pelea ya han caído Sánchez e Iglesias, y Rivera está condenado a dialogar para evitar un nuevo espectáculo. Lo único cierto es que cosechó una victoria incontestable con un aumento de escaños considerable que le asienta como número uno de su partido, veremos si del Gobierno también. Solo Susana Griso aguantó el ritmo constante de Mariano, casi de ciclista, y a duras penas.

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