Columnismo

Surco de letras

La mano calcinada

07.06.2016 @toniiasenjo 2 minutos

Las estrategias políticas y los vuelcos de jueces en el caso ERE han llegado a su límite con el procesamiento de los dos expresidentes de la Junta de Andalucía: Manuel Chaves y José Antonio Griñán. Era un secreto a voces desde que se desvelara la trama, pero la manipulación y el choque institucional con los tribunales ha provocado una demora considerable. Se les atribuye un presunto delito prevaricación; en el caso de Griñán, también malversación. Pero poner nombre a un delito no es más que estimar o vaticinar los años de condena.

Lo grave es que miles de millones de euros se perdieron en el camino y con ellos las esperanzas y aspiraciones de muchos trabajadores. El extravío no fue más que la creación de empresas que nunca existieron, el clientelismo que perpetuó las mayorías durante los noventa, la manipulación de los presupuestos y la concesión de subvenciones al compadre de turno; todo queda entre amiguetes, dirían. Es llamativo que, si finalmente son condenados, se proyectará una visión de justicia y eficacia del sistema judicial… Después de haber provocado la caída de Mercedes Alaya y la intervención de cuatro magistrados, juzguen ustedes mismos.

Pero es insultante que algunos, Felipe González y Antonio Hernando, pongan la mano en el fuego por dos tipos que han estado al frente de una banda organizada que hacían de las ayudas a los desempleados su fuente de ingresos. Parece que está de moda despedir con todos los honores a quienes representan los peores ejemplos en la vida pública. No hubo suficiente hosquedad entre los ciudadanos cuando Cospedal, torpemente, despidió con “cariño” al exministro Soria tras haber pasado de una “suplantación” de su firma a ser gerente de una empresa offshore en cuestión de horas; González se acerca a la hoguera, y se termina quemando, como era de esperar.

No sé si Chaves, Griñán y el ejército de los ERE serán penados, lo único evidente es que los cursos de formación fueron una entelequia para satisfacer la avaricia económica de quienes se colmaron de poder. O si el expresidente socialista continuará con el rapapolvo a Sánchez por no amparar la gestión de dos antiguos altos cargos en uno de los bastiones del PSOE, y eso que Pedro suele tener memoria selectiva en la corrupción; la barrera se pone en Despeñaperros. ¡Ay, don Felipe! Aún está a tiempo de no achicharrarse la mano, encomiéndese a los jueces.

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