Columnismo

Surco de letras

La moción del pueblo

09.05.2017 @toniiasenjo 2 minutos

Pablo Iglesias ha conseguido manejar la atención de los medios de comunicación a su antojo, es justo y necesario reconocerlo. Tras el ridículo de Irene Montero en la Cadena Ser, había que recurrir a una artimaña de emergencia que desviara los focos y les colocara nuevamente en el centro del debate político, aunque no tocara. El líder de Podemos olvidó que Errejón llevaba algún tiempo acudiendo como invitado en el programa Hora 25 y que es la dirección del espacio quien elige a los representantes de los partidos, tal y como él lo hacía en La Tuerka. Claro, el doble rasero tan característico de la extrema izquierda alcanza su máximo esplendor cuando no actúa de acuerdo a sus denuncias.

La operación Lezo estalló y con ello una emboscada de la que el Partido Popular aún intenta escapar. Y Pablo, tan predispuesto al flash y al micrófono, anunció que comenzaban los encuentros con el fin de consensuar una moción de censura que desaloje a Rajoy de Moncloa. Ha repetido por activa y por pasiva que la mayoría de los votantes pidieron “cambio” porque 13 millones no eligieron al PP. Es cierto, pero ajustándonos a su criterio y atendiendo a su simpleza, 16 millones (PP, PSOE, Cs) aproximadamente tampoco optaron por su formación.

Actúa como vocero del pueblo, pero todavía no ha aprobado una sola medida que combata lo que a su juicio es una situación desesperante e insostenible. No sé si su última huida hacia adelante responde a su resignación porque es incapaz de sumar fuerzas para imponer su palabra o simplemente se trata de su voluntad por cambiar el Gobierno a cualquier precio, a pesar de que ni con el cerco de la corrupción haya podido hacer frente a ninguno de los dos partidos tradicionales.

Su ambición de poder le superó en marzo. Con su voto pudo investir a un presidente socialista, pero su estrategia pasaba por batir al PSOE en junio con los votos de Izquierda Unida y condenar al centro izquierda a una encrucijada histórica. Miente cuando escuda su maniobra en una voluntad popular que después no se refleja ni en votos ni en mayorías. Las mociones las presenta la ciudadanía cada cuatro años en las urnas y, de momento, no parece que Pablo Iglesias sea la figura con más galones para hacerlo. Siempre quedará autoploclamarse líder de la revolución. “Hasta la victoria siempre”, pensará.

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