Columnismo

Surco de letras

¿Libertad de expresión?

24.05.2016 @toniiasenjo 2 minutos

La trascendencia de las finales deportivas siempre es peculiar, máxime cuando se trata de la Copa del Rey. En los últimos años, desgraciadamente para el espectáculo, han estado protagonizadas por un componente político y esta edición no pudo ser menos con la presencia del Barcelona. Hubo polémica, y mucha, cuando la Delegada del Gobierno en Madrid comunicó que se prohibiría el acceso al estadio con las ya clásicas y habituales esteladas; el victimismo se apoderó nuevamente del independentismo catalán, los principales responsables políticos se apresuraron a mostrar su desencanto con la decisión y el debate estaba servido.

Puigdemont se reveló, ¡y de qué manera! Su rebote fue tal que se comprometió a no presenciar el partido, como si a alguien le importara… También lo hizo Colau, que empieza a tomarle el gusto a los palcos, lo que hasta hace muy pocos meses era una conducta de la casta; también Carmena, que decidió solidarizarse con su camarada y dejar a un lado su rol institucional que en innumerables ocasiones ha descuidado: representar a los madrileños, cuyos problemas no son los símbolos nacionales y sí las deficiencias en la recogida de basuras o la falta de autoridad con los okupas, por decir algunos ejemplos. Finalmente, la justicia permitió las esteladas y los susodichos asistieron al evento.

El problema no es la exposición de una u otra bandera porque representa la opinión de un sector independentista; el dilema es que temporada tras temporada el deporte, particularmente en la final de la Copa del Rey, se ha politizado porque ciertos clubes han actuado como brazo mediático de su gobierno autonómico, siempre excusados en la libertad de expresión. Discúlpenme, hay límites: el respeto y la tolerancia.

El Himno Nacional puede gustar o no. Pero la cortesía es innegociable y muchos aficionados han demostrado que la transigencia que exigen en su inconstitucional “derecho a decidir” no la ponen en práctica con el resto de paisanos. Lo llamativo es leer en los medios que los abucheos han sido “menores” que en otras ediciones, como si lo normal fuera desprestigiar los emblemas que no tienen un valor sentimental. El patriotismo dejó de existir hace mucho tiempo porque quienes lo pregonan están entre rejas y los creadores del plurinacionalismo se han empeñado en vilipendiar aquello que les provoca urticaria. También a la Corona que, le pese a quien le pase, es una institución que forma parte del sistema. Es preocupante que confundamos la crítica con el descrédito, que vuelve a salir gratis una temporada más.

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