Columnismo

Surco de letras

Lugar desierto

08.11.2016 @toniiasenjo 2 minutos

Último día de la semana, otra vez la rutina, la amenaza del lunes, el viaje de vuelta. Subo al autobús y observo tu rostro, parece mostrar algo de entereza frente a la tristeza que te desborda por dentro. Tu foto de perfil acapara mi atención durante algunos segundos, espero tu llamada, el mensaje que me alivie el día. Apareces como un deseo instantáneo, intuyo que me has leído el pensamiento. Solo mi portátil situado a la izquierda me acompaña en el transcurso de las horas. Pero ahora estás tú, te siento cerca y he dejado de meditar acerca del cansancio, no me importa eso.

Repentinamente parpadea una luz: “¿Cómo estás? ¿Has llegado bien?”. Las preguntas de cada regreso, mi alegría. Pasamos horas recordando aquella última despedida, contando el tiempo para volver a vernos. La charla del sábado fue la antesala a un dulce sueño, ese del que tanto hemos hablado con demasiados rodeos. Coinciden nuestras palabras, el diálogo es una excusa más para saciar la necesidad del secreto confesable. Cuántas apuestas, cuántas penas nos han unido. Te he buscado para decirte que te necesito y me has esperado a pesar de todo. Aún busco nuestro momento.

No me basta un lunes, requiero algunos más, pero no le pongas cifra, deja que el tiempo ahuyente a los fantasmas del desconcierto y la confusión. Nosotros nos encargamos del resto. Pero ha llegado el almuerzo y tu silla ha permanecido inerte durante toda la mañana, como un lugar desierto para el que no existe reemplazamiento. Me preocupa la causa de tu ausencia, pero tu sello en el folio esboza media sonrisa, esa que persiste cuando te recuerdo. En mi cabeza ronda alguna conversación pendiente, ya sabes. Trato de negociar con el tiempo y casi siempre acabo endeudado, sigo buscando excusas para retrasar la hora, para alargar mi fortuna.

Alguna vez hemos compartido una mirada sobre la realidad y otras tantas ha quedado en un cruce implícito de ideas confidenciales. Tu broma y la mía, tu deseo y el mío. La magia también puede llegar a través de las cuerdas, aunque fuera impensable hace no mucho tiempo. Entiende que estas líneas no formen parte de mi corrección, sino de un lunes por la tarde entre reflexiones y confesiones conmigo mismo. O quizás míralo como el afán por imaginarte en ese lugar desierto, en ese hueco inmenso que ni esta columna consigue ocupar. Ahora recuerda que el destino está escrito, la verdad en la profundidad de los ojos y estos párrafos tan poco creativos que llevan la firma de mi silencio. Por fin es martes.

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