Columnismo

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Lugares

24.10.2017 @toniiasenjo 2 minutos

Un lugar, un momento, una fecha. Ese instante en el que se para todo y vuelves atrás, como la mirada que quedó pendiente en aquel cruce, cuando decidiste dejarte llevar a pesar de los miedos, a pesar de los peros. Nada estaba planeado, cada día era una incógnita, una caja mágica que siempre deparaba sorpresas agradables. Hasta la lluvia era una excusa; el calendario, un recopilatorio de números en rojo; la distancia, una conversación de madrugada. Y así, todo. Las ganas de arriesgar, un porqué más para experimentar, una puerta entreabierta a un futuro sano, nuevo, ilusionante. Cuántas veces lamenté las dudas, incluso la cobardía del que quiere y no se atreve. Pero pasa que un instante lo cambia todo y lo hace para siempre.

Desde entonces la vida es otra. El invierno ha pasado de la animadversión a la prioridad, la agenda no es la preocupación de la puntualidad, sino una ventana de sonrisas, deseos y gratos recuerdos. Los lugares no están aquí o allá, son los testigos de lo que pasó en ese instante, de cuánto anduvimos y de lo que compartimos. Del paso de peatones que decidimos atravesar ante el estupor de quienes esperaban y que hoy aún recordamos con la misma ternura. Y del espectáculo de luces que casi aprendimos de memoria porque era el punto de encuentro cada jornada de diciembre. No hay explicación, pero de eso se trata, de buscar una razón.

Lo cierto es que hace unos días caminaba por una calle y, por azar del destino, aquella escalera se cruzó en mi trayectoria. Sin saber por qué, me detuve y comencé a observar un escalón en concreto. Incluso pregunté si algo había sucedido por allí. Bendita tarde de frío. No hizo falta respuesta, ese refugio junto a la barandilla fue la sentencia. Si volviera, lo sería de nuevo; no era el más bonito, pero aconteció cuando debía.

Me fui alejando y ojeaba en la distancia con vértigo, como si oteara la panorámica desde la cima de la escalinata. Cuánto tiempo ha transcurrido y qué acierto supuso empezar a construir una realidad diferente. Seguro que te ha ocurrido, hubo un lugar que cambió tu vida, no sé si para siempre, pero al menos sí en ese segundo que aún recuerdas con el paso del tiempo y te contesta cuando sale a tu encuentro. Porque hay lugares que escriben historias.

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