Columnismo

Surco de letras

Niños hacia la élite

28.03.2017 @toniiasenjo 2 minutos

En las últimas semanas el fútbol base ha acaparado la atención de los informativos, pero no precisamente por una causa modélica. Dos batallas campales (y las que no trascienden) que reflejan cómo se desarrollan las competiciones que no monopolizan el flash ni el seguimiento diario de la prensa, salvo si se trata de una circunstancia excepcional. La alarma saltó la semana pasada en Mallorca cuando un grupo de padres y aficionados se enzarzó a golpes y patadas mientras los niños contemplaban desde la distancia el bochornoso espectáculo que ofrecían sus familias. Pero lejos de revertir la situación, Andorra ha presenciado un suceso similar este fin de semana.

 El deporte y la violencia deberían ser, según la ética, enemigos íntimos; el problema surge cuando a menudo se convierten en compañeros de viaje con demasiada frecuencia. Y es mucho más repugnante si los protagonistas de la escena son los padres. Han olvidado que el deporte base es más que una catapulta hacia la élite, sobre todo porque se trata de una herramienta para inculcar valores como el compañerismo, la solidaridad, la cooperación y el respeto hacia los demás. ¿Cómo explicarle esto a una criatura si su ejemplo a seguir contribuye a un circo dantesco desde la grada? Me dirán que también se aprende a competir, que la mayoría de quienes lo practican sueñan con sueldos astronómicos y el acecho de la fama. ¿Y cuál es el precio? Desde luego, no debería ser un padre hooligan que se presta cada fin de semana al furor de un recinto deportivo.

Claro, para ello hay que comprender que solo un porcentaje muy reducido goza de esa fortuna y la gran mayoría acaba como proyecto. Sin embargo, y a pesar de la evolución material que ha experimentado la práctica base, las gradas representan habitualmente un volcán en erupción con insultos hacia rivales. Es indiferente que se trate de niños de corta edad, la crisis es de valores y el factor humano es determinante. Las sanciones, la clausura de los campos y la restricción de entrada están, pero nos iría mucho mejor y evitaríamos imágenes tan lamentables si el deporte fuera una concepción de lo personal y no de lo profesional. Porque nos empeñamos en crear astros y obviamos que la proeza que permanecerá en el tiempo es la del lado humano, aunque sean los niños quienes den lecciones morales a los padres.

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