Columnismo

Surco de letras

Nuestra lucha

25.10.2016 @toniiasenjo 2 minutos

Un día cualquiera suena el despertador, es una mañana diferente, la rutina ha cambiado y el desayuno se sustituye por una charla, una mirada a la realidad. El silencio es testigo del encuentro, siempre con un tono contenido, un instante de paz recorre mi cuerpo y ella, tan respetuosa como contundente, tan cercana como certera, procede a darme una lección de experiencia. El sonido de la televisión es confuso, pues la lluvia y la profundidad de las palabras ha cobrado protagonismo. El canto de un pájaro anuncia una visita efímera del sol que se esconde rápidamente tras un goteo constante para no ser testigo del transcurso de las horas.

Camino algunos metros, trato de evadirme del destino, pero su mirada me persigue por la espalda, quizás sea cosa del destino. No me apetece parar en los primeros minutos de un domingo enrarecido, observo las agujas del reloj e intento empujarlas, tengo prisa para comenzar la semana y ella continúa inmóvil, aferrada a los segundos y esperando una rectificación. Me excuso, la puerta está más cerca, pero algo me dice que me detenga, alguien necesita preguntarme para normalizar el último día de una abrumadora crisis interior, quién sabe si también el futuro más próximo. Decido volver sin estar convencido, me niego a contestar.

Es un pulso por afrontar la realidad, una lucha por liderar una batalla contra el vaivén de la vida, dos concepciones, la experiencia y la sabiduría, la madurez y la sensatez. Su mirada denota una verdad oculta, un apunte sobre la situación, un toque dulce y dócil ante la inestabilidad incontrolable. Una caricia destensa el ambiente y la hostilidad se convierte en ternura. La angustia es esperanza, la guerra es unión cuando de un hijo se trata.

He perdido. Me da igual. Ella permanece inquieta y entera, sabe que me ha ganado la batalla. Qué bien sienta fracasar para recibir la clase de una sabia. Al fin ha comenzado su victoria, me siento seguro cerca de ella, quizás sea el calor de su cuerpo, nuestro vínculo antes de tener vida. He sucumbido ante su maestría, veo la realidad de otra manera. He vuelto a constatar que nunca se separa de mi cuando más lo necesito. Tan pequeña, tan sensata. Ha convertido mi lucha en la suya. Quien tiene una madre, tiene un tesoro.

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