Columnismo

Surco de letras

Otegi quiso ser el Mesías

21.03.2017 @toniiasenjo 2 minutos

El terrorismo etarra pretende, a través de Otegi y después de haber perpetrado más de 800 asesinatos, enmascarar y disfrazar su derrota ante los demócratas anunciando un desarme en un plazo de menos de un mes. Trataron de lograr la independencia vasca mediante la persecución a quienes alzaron la voz contra la opresión, por cometer el único delito de exigir uno de los pilares innegociables de una democracia avanzada y sólida: la libertad. Perdieron la dignidad y ahora, que han desistido ante el Estado de Derecho y las fuerzas de seguridad, intentan hacernos creer que son cómplices y partidarios de la paz.

La rueda de prensa de Otegi responde a una estrategia cuyo único fin es abanderar el olvido del terror y de las víctimas. Pero ni España ni el Estado le deben nada a ETA. Sin embargo, los terroristas sí le deben a España y al País Vasco 800 vidas y décadas de libertad. Basta de pasos en falso y de diplomacias, es hora de que el Gobierno y el bloque constitucionalista en su conjunto mantengan una hoja de ruta institucional decidida, sin posturas de perfil, y que de una vez por todas condenen a la izquierda abertzale a la resignación. Que no sean partícipes de este teatro ideado para que una foto recoja la resurrección de las cenizas de una banda criminal y borre el episodio más oscuro de los últimos 40 años.

ETA es hoy un colectivo desarticulado que no representa más que la nostalgia de los que un día decidieron liquidar lo que no compartían. Si pretenden disolverse y reintegrarse en la sociedad civil, es el momento para que revelen dónde están los zulos ocultos y entreguen las armas. Sin necesidad de propagandas, con la misma determinación que se postran ante los medios para publicitarse como héroes de la paz. Y en esa línea de ha movido Otegi, que poco menos se alza como el Mesías de la libertad y la concordia, pero olvida que algún día fue partícipe y cómplice.

Que aclaren qué fue de las autorías de los más de 300 asesinatos que quedaron en la cuneta. Este país y especialmente los mártires merecen algo más que un gesto vacilante, propagandístico y vacío en el fondo. Si quieren renunciar definitivamente, que lo hagan, pero que se olviden de gestos y condecoraciones por parte de quienes siempre estuvieron comprometidos con los valores democráticos.

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