Columnismo

Surco de letras

Pagar lo pagado

08.03.2016 @toniiasenjo 3 minutos

Ahora que ya han pasado los rituales del 28-F y Canal Sur ha funcionado por enésima vez como brazo mediático de la Junta de Andalucía -alardear de una sanidad pública de calidad aludiendo a lo mal que está en otros lugares o territorios induce a aquello de mal de muchos, consuelo de tontos-, todo parece volver a la cruda realidad. El 30% de desempleo sigue siendo inamovible y nos situamos ante la región con los impuestos más altos, la mayor tasa de abandono escolar y los índices de corrupción más desorbitados que nuestra democracia ha conocido.

Esta misma semana ha tenido lugar el Debate sobre el Estado de la Comunidad y, entre otras propuestas, la oposición (PP y Podemos) planteó la supresión del Impuesto de Sucesiones y Donaciones con el consiguiente rechazo del grupo socialista y sus socios de gobierno, Ciudadanos. Por tanto, nos tocará seguir pagando lo pagado, es decir, la herencia que nuestros progenitores ya han sufragado a lo largo de toda una vida. Pero quedarnos en un mero titular -algo muy habitual en los tiempos que corren- no es válido para llegar al fondo de la cuestión.

En términos numéricos, un ciudadano andaluz está obligado a abonar a la Consejería de Hacienda el 21% del valor patrimonial si este supera los 175.000 euros, equivalente a 36.750. Como consecuencia, el número de personas que renuncian se ha triplicado con los efectos de la crisis económica, especialmente en las comunidades autónomas con la tasa más elevado. Sin embargo, la Comunidad de Madrid lo establece al 1%, una cantidad insignificante si tenemos en cuenta la tasa fijada en Andalucía.

Lo cierto es que este dato convierte la herencia en un tesoro envenenado y supone una asfixia para cualquier habitante. Treinta años en los que los despachos de la Junta no conocen otras siglas que no sean Partido Socialista Obrero Español. Es inconcebible, irritante y desconcertante que tengamos unos dirigentes que reivindiquen una rebaja en la Reforma Fiscal del Gobierno de la Nación, pero a su vez transformen un bien en una deuda tributaria. Haz lo que yo digo, no lo que yo hago.

Esa izquierda que concurre a cada una de las elecciones abanderando la igualdad, la defensa de la clase trabajadora, la misma que no tiene ningún reparo para continuar con una injusticia a todas luces. Lejos de cualquier atisbo de rectificación, el consejero de Hacienda se apresura a justificarlo asegurando que “solo una minoría con altos” se ve afectada por la causa. Desde luego, y más allá de la propaganda que nos quieren vender con el fin de destinar dinero a las arcas públicas, las más de 5.000 renuncias entre enero y septiembre del pasado año no corroboran tal afirmación.

Así estamos, sometidos a los vaivenes de unos políticos desconocedores de la realidad social, de los problemas de la gente y empecinados en hacer campaña electoral durante cuatro años para mantener a los votantes silenciados. Para ellos no implica ningún problema, pues saben que su sillón lo recibirá el amigo de turno y la hegemonía socialista permanecerá intacta, eso sí, sin desembolsar un solo euro por sucesión (nótese la ironía) como lo hacen el resto de ciudadanos que, a su pesar, forman parte de los maniatados contribuyentes.

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