Columnismo

Surco de letras

Perpetuados en el poder

16.04.2016 @toniiasenjo 2 minutos

La impunidad premia el delito, induce a su repetición y le hace propaganda; estimula al delincuente y contagia su ejemplo. Sabias palabras de Eduardo Galeano que reflejan la realidad que vive España actualmente. Consultar la prensa o ver un telediario se ha convertido en un peregrinaje hacia el hartazgo y el desencanto con la clase política, y los famosos papeles de Panamá han contribuido a ello. Lejos de acabar con las prácticas deshonestas, José Manuel Soria, ministro de Industria hasta hace unas horas, se ha sumado a la infinita lista de cargos públicos del PP con tramas que propician la evasión fiscal.

La desvergüenza toma partida cuando en tan solo unos días asistimos a cambios en la versión del implicado. Primero no tenía ninguna relación, luego era propiedad de su padre, la firma era similar y finalmente dimite. Es decir, cuatro días en los que Soria ha intentado tomar el pelo a los ciudadanos con el característico “yo no sé nada”, “todo es un error”, bla-bla-bla. Esto ya no es un caso aislado, sino una conducta casi genética que, como mencionó el bueno de Galeano, contagia su ejemplo. Impunes, exentos de responsabilidad y enriquecidos a costa del contribuyente; así pasó con Jaume Matas, Ana Mato, Ignacio González y un largo etcétera para sonrojo del electorado de centro-derecha.

Y qué decir de José Torres Hurtado, alcalde de Granada, al que se le imputa por prevaricación, cohecho, malversación de fondos, tráfico de influencias… Me molesta, sí, me repatea. Quizás porque la militancia es quien da la cara, la que responde en las urnas y muestra fidelidad a pesar de las decepciones. Actuar, regenerar la vida política, dejar paso a quienes conciben el servicio público como una actividad en beneficio del ciudadano, no a costa de él. Es cierto que el Partido Popular ganó las elecciones y sigue siendo el primero para los españoles, pero la autocrítica ha de estar presente y los cheques en blanco deben llegar a su fin. Es necesario importar la cultura anglosajona, o lo que es lo mismo, llevar a la práctica la ejemplaridad.

Hasta Manos Limpias, la organización que persigue la corrupción y ha conseguido ser un agente social muy relevante, ha caído en la tentación. Lo criticamos, pero algunos reconocen que también lo harían si contasen con la oportunidad. Es el problema de España, que anhelamos una pizca de poder, evitar cualquier elemento de control para hacer y deshacer en beneficio particular. Porque la política, desgraciadamente, para algunos, se ha convertido en una carrera basada en perpetuarse en el poder.

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