Columnismo

Surco de letras

Recuerdos

16.05.2017 @toniiasenjo 2 minutos

Los recuerdos son riqueza, esas piezas que componen el puzzle de la vida. Nos empeñamos en buscar la felicidad, ignoramos que probablemente la razón para encontrarla la construimos cada día y olvidamos que el destino de cada momento es la memoria, ese armario en el que aguarda lo que quedará del pasado. Y así llega la noche, como el último murmullo que cierra el cortejo, el momento idóneo para repasar Dios sabe qué, pero que siempre constituye una cita con el pensamiento. Ya saben que la conversación empieza con algún fondo, pero su rumbo nunca es predecible, diría que se trata de un viaje con final insospechable.

Volver a los orígenes es una oportunidad para responder al “qué fue de aquello”, que en realidad es el inicio de aquel chispazo al que te aferras para cambiarlo todo. Entonces comprendes que nada hubiera surgido sin el capricho del destino, que no siempre es casualidad, y sí causalidad. No sé si fue producto de la suerte, pero fue, pasó , y hoy sigue siendo, sigue pasando. Porque hoy continúo caminando por las charlas del desvelo, las noches sin horas y mi bendita fortuna. Aún mantengo el recuerdo de aquel primer encuentro camuflado en un grupo o lo que fue del desayuno que casi acaba cambiando un fin de semana.

Y es que una conversación puede esconder hasta las razones que explican el porqué de la belleza del lugar que siempre fue maldito, incluso la nostalgia que aflora cada vez pisas la esquina de las despedidas. Que la lluvia nunca fue una excusa y todos eran conscientes del atractivo menos tú, el último en enterarte y el primero en sorprenderse. Hasta unos apuntes fueron la falsa justificación que interrumpió la espera de un concierto.

Mientras el mundo duerme, te encuentras atando los cabos de tu propia historia, jugando a investigar lo que hoy te lleva al mismo perfume todos los días. No sé si los recuerdos constituyen a menudo un buen argumento de interacción, pero lo cierto es que frecuentemente protegen los grandes tesoros. Ya ves, hablo de esas conversaciones sin guion que contienen historias que hoy se escriben.

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