Columnismo

Surco de letras

Una moción contra España

05.06.2018 @toniiasenjo 2 minutos

Habemus nuevo presidente. Pedro Sánchez logró el viernes el respaldo mayoritario de la Cámara Baja, algo que hasta dos días antes parecía impensable. Lo consiguió contra todo pronóstico, valiéndose de una moción de censura que nunca había prosperado en cuatro décadas de democracia. Es un superviviente nato, sin duda. El aparato del PSOE le apartó de la secretaría general tras cosechar los dos peores resultados de la historia, pero se erigió como el mártir de la izquierda desahuciada y recuperó el liderazgo desafiando a la vieja guardia del partido con una mayoría incontestable. Pero la resistencia tiene un precio que pronto se reflejará en términos no solo electorales, también en clave territorial.
El presidente del Gobierno traicionó su palabra. No se puede defender la unidad de España un día y pactar después una moción de censura con el voto del independentismo más radical. Sánchez ha pasado de proponer una ley para que los cargos públicos juraran la Constitución por imperativo a darse la mano con quienes pretenden convertirla en ceniza. Y lo que es peor, encabezó un Frente Popular en el Congreso sin programa, con el único objetivo de cesar al Gobierno, a costa de resquebrajar cualquier atisbo de estabilidad que pudiera perdurar hasta el final de la legislatura.
¿Qué muestra de regeneración puede exigir Pedro Sánchez al PP mientras están siendo juzgados Chaves y Griñán, cuando está pactando con la Convergencia del tres por ciento? Mintió reiteradamente registrando la moción de censura, utilizando como coartada la convocatoria de elecciones que repentinamente desapareció del discurso. Si 137 diputados no ofrecen estabilidad, el PSOE no puede garantizarla con 85 escaños, salvo que haya vuelto a vender su compromiso de unidad territorial a cambio de los votos de Torra y compañía. No es que renunciara a sus principios, porque no los tiene, pero sí condicionó con gran torpeza la estabilidad de España a la impostura del nacionalismo catalán.
Por si no fuera suficiente, EH Bildu se sumó a la fiesta. Sí, el partido de Otegi, quienes miraban hacia otro lado mientras ETA asesinaba. Fue bochornoso que los socialistas vascos, especialmente Patxi López, aplaudieran fervorosamente el resultado de la moción, evitando tener alguna sensibilidad con quienes soportaron un régimen angustioso.
Rajoy, con los defectos de su gestión, que indudablemente los tuvo, se fue con elegancia; la misma que le faltó a la izquierda de la calle, la de Monedero y el “sí se puede”. La moción de censura es legítima, lo cual no implica que la caída del centro derecha sea gratis y el precio se vaya a mantener por debajo del ridículo internacional, así como la convocatoria electoral a causa de la inconsistencia de un presidente que, tras fracasar estrepitosamente en las urnas, no valoró nada más allá de su aspiración revanchista.

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