Columnismo

Surco de letras

Vencedores y vencidos

27.09.2016 @toniiasenjo 4 minutos

Las elecciones en Euskadi y Galicia centraron el foco de atención dada la situación de bloqueo que vive España. No fueron unos comicios más. Principalmente porque era un baremo para medir los ánimos del electorado tras la política de pactos que establecieron todos los partidos. Ambas comunidades apostaron por la gobernabilidad a pesar de elegir un Parlamento fragmentado en cuanto a fuerzas, pero no en escaños. Esta vez no fallaron las encuestas, lo cual también supone un respiro para la demoscopia, que se encontraba devaluada tras los resultados de junio.

Los dos grandes vencedores fueron Feijóo (PP) en Galicia y Urkullu (PNV) en el País Vasco, mientras que los resultados negativos fueron a parar al PSOE y a Ciudadanos. Feijóo planteó una campaña inteligente con Rajoy por separado. Se jugaba la mayoría en las zonas rurales y allí fue Mariano, consciente de la facilidad que ostenta para captar el voto veterano. Por otra parte, Feijóo se centró en las ciudades, donde ha conseguido ser la segunda opción en voto joven. Además, acertó en algo que no es habitual ahora en política: hablar mucho y bien de su tierra obviando a sus adversarios. Siempre sereno, se presentó con un discurso conciliador e incluso no tuvo reparos en apelar al voto útil de C´s y al socialista desencantado. Canalizó el voto del centro derecha en el PP. Victoria abrumadora, tercera mayoría absoluta y serio candidato para relevar a Rajoy en los próximos años.

El PNV tuvo la capacidad necesaria para moderar el discurso independentista de Ibarretxe. Siempre jugó a la ambigüedad, probablemente porque Urkullu es sabedor de que no es un problema central para los vascos. Enfocó su alegato en el empleo y en ampliar el autogobierno, pero siempre desde la cordialidad y consenso con el Estado. Fue quien mejor entendió la realidad de Euskadi y quizá por eso consiguió ampliar su representación, que le permitirá gobernar puesto que el País Vasco, como ya hizo referencia Pablo Merino en su brillante análisis, está protegido del bloqueo.

En cuanto a los vencidos, tanto socialistas como C´s se llevaron la palma. El PSOE sufrió un descalabro importante en Galicia, donde fue superado por las mareas en votos. Un candidato desconocido, impuesto por la dirección nacional y discutido a nivel interno no aspiraba a mucho más que evitar una mayoría de Feijóo, lo cual ya es un dato alarmante en un partido que hace no demasiados años gobernaba la comunidad del Finisterre. Todavía peor fue en Esukadi ya que se produjo el sorpasso en votos y escaños, una pérdida del 40% del apoyo ciudadano, cuando hace cuatro años tenían un lehendakari socialista.

C´s se topó con el concierto económico en el País Vasco, pues se trata de un asunto tabú para la sociedad vasca. Se quedó sin representación porque, al igual que el resto de partidos constitucionalistas, estableció un discurso de confrontación con el nacionalismo, uno de los pilares básicos que constituye Euskadi. En Galicia, Cristina Losada fue elegida a última hora, sin demasiado tiempo para ganar popularidad. Además, las dudas de las encuestas sobre si obtenían o no un escaño acabaron por precipitar una buena parte de los votos hacia los populares.

En definitiva, y con los datos en la mano, las fuerzas emergentes han pecado de personalismo en sus liderazgos nacionales. C´s, con la excepción de Cataluña, no puede concebirse sin Rivera. De ahí que en las elecciones municipales apareciera su rostro y no el de los candidatos locales. Más de lo mismo sucede en Podemos, ya que los resultados se han quedado muy por debajo de las expectativas. También sucedió en las últimas elecciones generales, si bien es cierto que Iglesias transmite esa sensación de contar con más respaldo popular.

Por último, Rajoy ha salido reforzado por los resultados en Galicia. Es cierto que no puede decir lo mismo en Euskadi, aunque hay que reconocer que Alfonso Alonso salvó la papeleta en un territorio hostil para el PP a pesar de obtener un mal resultado. El gran damnificado fue Pedro Sánchez, que una vez más ha capitaneado la deriva socialista y ha reafirmado la consecución de logros históricos para su partido. Cualquier líder hubiera dimitido. No lo hizo en diciembre, tampoco en junio, ni ahora. Está dispuesto a continuar con su estrategia suicida, a la desesperada, que entre otros efectos ha traído la irrelevancia del PSOE en lugares tan importantes como Euskadi y Galicia.

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