Columnismo

Surco de letras

Violencia gratuita

18.10.2016 @toniiasenjo 2 minutos

Alsasua (Navarra) se convirtió en un ring de boxeo la madrugada del domingo. Dos guardias civiles con sus respectivas parejas fueron apaleados por medio centenar de seres (pónganle el calificativo). Pertenecer a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y caminar apaciblemente por las calles de su localidad de trabajo fueron las razones por las que un grupo de dementes decidieron emprender la batalla. Pero lejos de imponer un castigo ejemplar, el juez los ha acusado de atentado contra la autoridad e inmediatamente han quedado en libertad con cargos. Una visita semanal a los juzgados será suficiente para pagar los daños.

Este último hecho pone de manifiesto hasta qué punto la autoridad del Estado está desacreditada en España, especialmente en las comunidades donde el nacionalismo es más popular. ¿De verdad es necesario recurrir a la violencia para imponer el discurso único? ¿La impunidad es el medio para acabar con la opresión? Ni en una ni en otra pregunta cabe respuesta afirmativa, pero la sentencia judicial es un cheque en blanco que en cierto modo ampara una práctica propia de la dictadura franquista porque su coste es ninguno.

Nos encontramos ante el último coletazo propinado por el odio que desprende la izquierda abertzale y aquellos que se abrazan al derecho a decidir. Siempre reacios a condenar el terrorismo, siempre lejos de la paz y sin la mínima sensibilidad para erradicar de una vez por todas la violencia en un Estado democrático. Tanto la Guardia Civil como el resto de cuerpos están sometidos a una desautorización permanente, pues aquellos años en los que el respeto y la consideración imperaban ahora solo son ceniza, seguramente porque la sociedad y los escándalos internos tan mediatizados han causado un recelo en su figura.

No me llama la atención que agredan a un agente porque lamentablemente no es la primera vez que sucede y además encuentra respaldo en las instituciones gobernadas por el ejército de los hombres de paz. Pero sí me cuesta evitar el asombro cuando una justicia cada vez más injusta juega con el prestigio de quienes están al servicio de la nación. Solo dos han pasado por los tribunales, pero el resto de la manada (nunca actúan solos si no van armados) se ha ido sin pagar la factura. Es una pena que desde las instituciones judiciales, seguramente asesoradas por un Código Penal cómico, se nos condene a seguir soportando calamidades como esta que solo nos alejan de muchas otras democracias europeas como Reino Unido, sin duda estamos a años luz de su conducta social.

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