Columnismo

Te quiero mucho

07.12.2016 3 minutos
Al amor le sobran adverbios. Entiendo que la receta del amor está más codiciada que la fórmula secreta de la Coca-Cola. Si es que no son la misma cosa... El amor es un hechizo incomprensible y precisamente por ser incomprensible tiene encanto. Porque hay ciertas cosas en la vida a las que es mejor no encontrarles explicación. Así que, queridos científicos, tómenselo con calma. Yo no sé qué es lo que le falta pero sí sé qué es lo que le sobra. Le sobran adverbios. Quien lo probó lo sabe. Y Milena Busquets lo probó, lo sabe y lo explica: Siempre he pensado que los que dicen «te quiero mucho», en realidad te quieren poco, o tal vez añaden el «mucho», que en este caso significa «poco», por timidez o por miedo a la contundencia de «te quiero», que es la única manera verdadera de decir «te quiero». El «mucho» hace que el «te quiero» se convierta en algo apto para todos los públicos, cuando, en realidad, casi nunca lo es. 
 
Cuando se exageran los sentimientos las relaciones se trivializan. Hace algún tiempo, en un acto del PSOE, le colocaron una bandera de España inmensa a Pedro Sánchez. En un programa de la tele le preguntaron por este gesto al novio de Laura Escanes. Risto Mejide creo que se llama el tipo. Pues bien, dijo algo así como que le había parecido una tremenda estupidez,sobre todo por el tamaño. Argumentaba que el tamaño importa y cualquier desproporción es un síntoma de estupidez. Cuando uno necesita poner un tamaño muy grande es que tiene una deficiencia también muy grande, añadía. Hablaba en su faceta de publicista. Más tarde, en su faceta de trovador nos sorprendía con una carta dirigida a su novia. Le decía que era un "arma de destrucción pasiva" y cosas peores. Mía, solo mía, miísima. Pura pornografía sentimental. Miísima es, en efecto, una desproporción como la de la bandera de Sánchez. Con estos superlativos no sé cuáles son las deficiencias que Risto trataba de ocultar. Tampoco quiero saberlas. Solo le diré a Laura Escanes (gran seguidora de El Reverso) que yo estoy libre para lo que surja.
En un artículo de XL Semanal, Juan Manuel de Prada nos presenta a su fan número uno. Cuenta la experiencia que tuvo con un "lector" que se le acercó en una firma de libros y le dijo cosas tan tremendas como "pienso exactamente igual que tú" o "eres nuestro altavoz". Dice de Prada que «quienes más ardorosa y confianzudamente se abalanzan sobre mí son quienes no me conocen de nada, sino de haberme visto en televisión hace media docena de años, mientras zapeaban en busca de señoritas enseñando muslamen o de futbolistas correteando por el césped». Continua afirmando que «resulta, en verdad, chocante y curioso, pero es una ley casi infalible. Mientras quien de verdad nos respeta, aprecia o admira suele ser muy cauteloso y comedido en sus aproximaciones, llegando incluso a pasar a nuestro lado sin osar siquiera saludarnos, quien de nada nos conoce y nos confunde con Ágatha Ruiz de la Prada o Manuel Prado y Colón de Carvajal nos asalta sin rubor y con grandes alharacas, mientras cruzamos una calle con mucho tráfico o nos despedimos en el portal de un amigo, en la creencia de que debemos descuidar el tráfico o despachar a nuestro amigo, para atenderlo a él, como si fuese nuestra tía carnal, a la que no vemos desde que hicimos la Primera Comunión». Sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con de Prada. Por cierto, sobre Juan Manuel de Prada hay una biografía buenísima titulada La conjura de los necios. Es el alter ego de Ignatius Reilly, un tipo gordinflón y excéntrico que cree en la rueda de la Fortuna y barbaridades por el estilo.
Estas reflexiones de de Prada sobre la admiración son extrapolables al amor. Como dice Milena Busquets, «te quiero» son las palabras mágicas que te pueden convertir en un perro, en un dios, en un chiflado, en una sombra.
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