Columnismo

The Shot

29.02.2016 3 minutos

Restaban 41,8 segundos en el último cuarto de partido. El marcador lucía un 83-86 a favor de los Utah Jazz frente a los Chicago Bulls. Tiempo muerto para "los toros". Se avecinaba un momento histórico en el mundo no sólo del baloncesto, sino también del deporte.

Michael Jordan recibe la pelota y se orienta hacia la derecha del perímetro para ganar espacio. Después de un par de botes, decide encarar a su defensor a quien superó con la facilidad y elegancia que este genio atesoraba para conseguir una entrada sencilla. 85-86, por si a la final le faltaba emoción.

Posesión de los Jazz. Stockton sube la bola y decide enviarla hacia el poste bajo para Karl Malone después de un bloqueo indirecto. Sin embargo, “el 23” sabía dónde iba a parar la pelota. Se olvidó de su marca y la robó con gran astucia a falta de 19.2 segundos. El más listo de la clase. Iba a ser su noche, y era consciente de ello. Avanzó con decisión hasta pista contraria sin haber pedido tiempo muerto, que hubiera sido lo más normal. Ni siquiera el entrenador de aquellos Bulls, el legendario Phil Jackson, lo pidió. Todos se encomendaron al más grande de todos los tiempos. El cronómetro corría en contra. Es entonces cuando, Don Michael Jordan, se inventa un crossover de vértigo ante uno de los mejores defensores de la época en el perímetro, Bryon Russel, provocando, además, el silencio durante un segundo convirtiendo el tiro desde 6 metros para poner un punto por delante a falta de 5,2 segundos para el final. 87-86.El famoso The Shot.

Aunque de silencio sabe bien poco el gran Andrés Montes. Aún puedo recordar -pese a no ser de esta quinta baloncestística- aquella narración, aquella voz: “¡Bienvenidos al vuelo 23! ¡Aerolíneas Jordan! ¡Balón de Michael Jordan! (segundo tenso mientras el balón se dirigía hacia el aro) ¡JORDAN! ¡JORDAN! ¡JOOOOOORDAN! ¡Canasta, canasta, canasta, canasta! ¡Canasta de Michael! ¡Me llamo Michael! ¡Michael Jordan! ¡Como James! ¡James Bond!” Pelos de punta, ¿verdad?

De esta manera, los Chicago Bulls consiguieron el título de la NBA y Jordan su sexto anillo finalizando la serie en un 4-2. Sin duda alguna un partido memorable, corto de adjetivos capaces de describir tal acontecimiento. Época dorada en la que por encima de todo primaba el juego, el espectáculo del baloncesto de verdad. El baloncesto de contacto, de jugadas, de fundamentos, de tácticas y técnicas; no el de ahora, que además de carecer de las características del baloncesto vintage, está plagado por los intereses capitalistas que manchan la imagen de este gran deporte y que ensucian el espectáculo intentando ofrecer más espectáculo. Curiosa contradicción. Y si no, pregúntenle a los muchos seguidores de basket que tienen que tragarse 3 horas de partido porque a “los de arriba” les interesa la publicidad.

Sin desviarnos más del tema, hoy dedico este artículo a aquel equipo, a Andrés Montes pero, sobre todo, al hombre capaz de levantar de su asiento tanto a aficionados como a rivales.  Este partido queda lejos de cualquier calificación y, por tanto, espero que este relato haya sabido estar a la altura de semejante acontecimiento en la historia del basket; y que, por supuesto, haya sabido transmitir a aquellos que no son seguidores del baloncesto todo lo que a los que sí  consigue erizarnos la piel con partidos como estos .

Y si no lo he conseguido… ¡Ya está Michael Jordan para recordároslo!

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