Columnismo

Toda creación es plagio

04.12.2016 3 minutos

Sé que puede sonar a tópico, pero un libro en cierta medida me cambió la vida. A mi leer siempre me ha parecido un peñazo y he preferido esperarme a que sacaran la película. Pero hay libros que nunca llevarán a la gran pantalla así que no nos queda otra que leerlos. Irse a Madrid y otras columnas es uno de ellos. Me despertó el gusto por la lectura porque su autor escribe con la sencillez de Camba (sin saber yo quién es el tal Camba) y con ese sentido del humor tan fino.  Algún día tengo que llegar a escribir tan bien como este cabronazo, me digo. Así que automáticamente me descubro deconstruyendo al escritor, colocándole encima la lupa de la desconfianza. Le busco las sombras y las aristas para rebajarlo a mi nivel, para hacérmelo más accesible. Por ejemplo, en una de esas columnas cuenta cómo una vez intentó ponerle los cuernos a su mujer con su propia mujer. Y yo me digo que quizá se inspiró con el Don Juan de Torrente Ballester, donde la mujer le pone los cuernos al marido porque se acuesta con él pero no le reconoce. O en El bigote de Carrère. Así que esa columna tampoco es para tanto: podría haberla escrito yo. JAJA. Game over, Jabois. Voy creándome mitos para derruirlos al instante. Cojo cualquier artículo y le extraigo las conexiones con otros autores. No es más que otra obsesión para añadir a mi larga lista patológica.

Toda creación es un plagio más o menos disimulado. Dice Tallón en una entrevista que un escritor es los libros que ha leído, el orden en el que los ha leído y cómo se han mezclado entre sí. Creo que lo ideal sería prostituir las palabras, desgastarlas hasta el punto de conseguir emanciparlas de la autoría. Me gustaría que una frase mía se convirtiera en dicho popular. No sé quién dijo esta frase -no creo que sea mía porque es demasiado buena- pero rizando el rizo, molaría que su autor fuera Anónimo. La mayor trascendencia se conquista en el anonimato, pasando de boca a boca como un juglar. Así que uno se sabe escritor cuando plagia sin premeditación. Cuando aparca el diccionario de sinónimos y antónimos. Cuando deja de ponerle veinte capas de maquillaje al plagio para ahorrarse los derechos de autor. Tampoco estoy diciendo que haya que copiar a lo Melania Trump, punto por punto, como hacía yo en los trabajos del colegio, que ni me molestaba en quitar los hipervínculos azules de la Wikipedia que daban demasiado el cante. Tan malo es el copy-paste como el enmascaramiento atroz que resulta del intento por borrar las influencias de manera harto artificiosa. No hay que violar a las musas, solo hay que seducirlas. Sin renegar de las influencias; solo así es posible que algunas imitaciones superen al original.

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