Columnismo

Todo llega

26.09.2017 @saxofonator 2 minutos

Estaba muy oxidado. Era toda una porquería de hierro frío. Y mira que yo, ocho años y poco más de metro veinte, quería un saxo plateado. Pero aquello que me prestaron en la secretaría de la banda no era más que un amasijo chirriante y ciertamente mohoso. Con algo tendrás que romper mano, me dijeron. Lo único que se rompió aquel día fueron mis expectativas de fardar ante el resto de niños, la mayoría futbolistas o taekwondistas.

Mis esperanzas terminaron de tropezar cuando tocó soplar el armatoste. Hasta a la profesora le costaba hacerlo sonar. Es que está viejito. Un botón de camisa pegado sobre el hueco que dejó una desaparecida tecla de nácar lo confirmaba. Mi clase era una destartalada peluquería en la que solo quedaban los espejos y los sillones, con la espuma interna floreando cual musgo sobre roca.

Así pasé mi primer año. Cambia la caña. Súbete el arnés. A ver esa escala. Desmonta y limpia, que es la hora. Y estudia. Iba cargado con una funda de cuero negro con forma de kalashnikov que me hacía parecer un pequeño discípulo de Al Capone. La ilusión inicial se rebajó a ras de suelo. Reptaba hasta clase, tocaba y a casa.

Todo cambió el día que conocí a Pedro Iturralde. Tan majestuoso, tan elegante, tan profundo. Tan, tan, tan. Y tan mayor. Y cómo le soplaba. Y qué viejo era su saxo. Como el mío ¡o más! Desde entonces y hasta hoy, todo ha aumentado. Conocer, escuchar, escribir sobre jazz.

Qué importante es tener referentes. Sin ellos no existe el norte. Lo mismo me ha ocurrido con el periodismo. Leer una columna de un tal Pedro Simón te puede cambiar la vida. Poner rumbo hacia lo que siempre has dicho que quieres hacer, pero nunca cómo. Te zambulles y no necesitas sacar la cabeza para respirar, porque el oxígeno que buscas se halla bajo estas aguas.

Lo que se nos viene encima el próximo fin de semana en Cataluña es, periodísticamente hablando, el momento que siempre hemos esperado. La oportunidad no de vivir, sino de contar el acontecimiento de las últimas décadas en nuestro país. Es aquel sueño de tocar en el Radio City o de hacer dueto con John Coltrane que por fin se cumple. Todos empezamos y ponemos la mira en un objetivo, plausible o no.

Somos las cosas que nos pasan, dice Manuel Vicent. Y todo llega para el que sabe esperar. Pero no con los brazos cruzados. No recuerdo desde cuándo llevo diciendo que quiero ser periodista para narrar una efeméride del calibre del 1-O. Lo que sí sé es que mi viejo Selmer Mark VI, tras mucho trabajo, dedicación y esfuerzo, es hoy una pieza de coleccionista. Y cómo suena.

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